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Septiembre 21, 2022

Hoy es el Día Mundial del Alzheimer, una enfermedad que comienza con la pérdida de la memoria, pero va mucho más allá y por eso te traemos este especial. 

Entendiendo el Alzheimer


El Alzheimer, o demencia senil de tipo alzhéimer, es una enfermedad neurodegenerativa —o sea, que las células del sistema nervioso central dejan de funcionar o mueren haciendo que se vayan dañando partes del cerebro— que ataca directamente la memoria y otras capacidades cerebrales.

El Alzheimer es la forma de demencia más común y hasta ahora es terminal e incurable. Se sabe que el alzheimer puede arrancar a partir de los 65 años, pero hay casos tan tempranos como a los 40 años. 

El síntoma más notorio al principio del Alzheimer es la dificultad para recordar cosas porque por lo general el deterioro cerebral que causa la enfermedad comienza en la parte del cerebro que afecta el aprendizaje. Mientras la enfermedad va avanzando, va provocando otros cambios, según la parte del cerebro que va afectando. Los síntomas que aparecen después son: confusión, falta de concentración, cambios de humor y del sueño, delirios y desconfianza. 


Pero no llega todo de un fuetazo


Sino que existen 3 etapas:
  • La etapa temprana: Aquí la persona todavía es independiente y puede hacer su vida de manera regular pero con algunos problemas de memoria o concentración. Por ejemplo, se le pueden olvidar palabras familiares y nombres o perder objetos valiosos.
  • La etapa media: Es la etapa más larga del Alzheimer y comienza a afectar la vida diaria de las personas. Aquí es cuando comienzan los cambios en el estado de ánimo, pueden comenzar a tener problemas para controlar la necesidad de ir al baño, y comienzan a no recordar cosas importantes
  • La etapa final: A este punto ya no pueden responder bien en su entorno; la comunicación se torna difícil y necesitan ayuda constante para las tareas del día a día. 

Cómo comenzó todo


El primer caso registrado de Alzheimer apareció en 1901, cuando el psiquiatra y neurólogo alemán Alois Alzheimer comenzó a estudiar a una mujer de 51 años, llamada Auguste Deter, que fue perdiendo poco a poco la memoria y cambió drásticamente su personalidad. En 1906 Auguste murió y Alois pudo estudiar su cerebro con un microscopio para darse cuenta del deterioro que iba apareciendo en las neuronas. 
Auguste Deter en la clínica del doctor Alzheimer en 1902
Fuente: BBC
 
Ya en 1907, Alois publicó un comunicado que se llamaba «Sobre una enfermedad específica de la corteza cerebral» y ahí explicó todos los detalles de la enfermedad, enseñó dibujos de los cambios en el cerebro, y reportó el caso completo de Auguste.
Fase intermedia de la destrucción neuronal dibujada por Alois Alzheimer
Fuente: Revista Peruana de Epidemiología
Después de ese comunicado, los médicos comenzaron a registrar casos de la enfermedad y comenzaron a llamarlo «enfermedad de Alzheimer», pero el término se hizo oficial cuando el psiquiatra Emil Kraepelin categorizó la enfermedad por primera vez y la incluyó en la octava versión de su libro de texto de psiquiatría que publicó en 1910.


Y así llegamos al presente

Desde 1901 para acá los científicos se han esforzado en encontrar las causas y evaluar los signos y síntomas del Alzheimer, y se han encontrado con que el mayor factor de riesgo en esta enfermedad es la genética: si hay algún familiar directo con Alzheimer, es probable que se desarrolle Alzheimer.

Para entender por qué la genética es tan importante aquí, hay que saber que hay 2 tipos de genes que influyen en la capacidad de desarrollar una enfermedad. Los genes de riesgo —que aumentan la posibilidad de que tengas una enfermedad pero no está 100% garantizado— y los genes deterministas —que causan la enfermedad directamente—. Y en ambas categorías se encontraron genes de Alzheimer. 


 


De todo un poco

Pero la culpa no es solamente de los genes, sino que, según creen muchos investigadores, el Alzheimer es el resultado de esa mala suerte en la carga genética y otros factores de riesgo menos obvios. Por ejemplo, hay científicos que creen que darse fuertes golpes en la cabeza puede aumentar la posibilidad de tener Alzheimer en el futuro; también otros científicos creen que existe una relación entre el bienestar del corazón y el bienestar del cerebro, así que mientras más deteriorado esté el corazón, existen más probabilidades de tener Alzheimer.
 

Estadísticamente hablando

Según la OMS, en el 2020 se estimó que más de 50 millones de personas viven con demencia en el mundo, y de esas, entre el 60 y el 70% sufre de Alzheimer. Aparte, cada año se registran cerca de 10 millones de casos nuevos de demencia. Si la cantidad de casos sigue igual, para el 2030 en el mundo habrá 82 millones de casos de demencia, y para el 2050 serán más de 150 millones de casos. 

En el país, el Ministerio de Salud Pública informó el año pasado que existían por lo menos 90,000 casos de demencia y que eso representaba el 8% de las personas mayores de 60 años. Según la Asociación Mundial de Alzheimer ese número aumentará a 125,000 en el 2030 y a 240,000 en el 2050.


Pero todo puede cambiar

Porque aunque todavía no existe una cura para el Alzheimer, hace unos días se publicó un artículo en la Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association donde se explica que un equipo europeo está desarrollando tests de sangre que encuentran las moléculas amiloides-beta que son las que aparecen en las neuronas cuando se tiene Alzheimer.  

Y otros avances también se están dando, como el caso de los investigadores del Massachusetts General Hospital que lograron frenar el deterioro que provoca el Alzheimer en los ratones de prueba de su laboratorio. Crearon una inyección que lleva una nueva tecnología de regulación genética que redujo las células tau —una proteína que se acumula y ayuda al desarrollo del Alzheimer— y los científicos pudieron ver como mejoraron los daños que tenían los ratones por la enfermedad y sin sufrir efectos secundarios. 

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