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Por Axel Marazzi

1. Facsímil, de Alejandro Zambra

Alejandro Zambra es uno de mis escritores contemporáneos preferidos. Todo arrancó cuando Nico, un amigo argentino que vive en Chile desde muy chiquito, me regaló Bonsái cuando fui a visitarlo en un viaje. Esa pequeña novela de menos de 100 páginas me cautivó de una manera única. La terminé en una sola sentada de poco más de una hora y quedé completamente enamorado de este tipo del que no sabía de su existencia hasta días antes.

Después de eso leí rápidamente todas sus novelas, menos Facsímil. No había querido arrancarla porque tenía un formato extraño, presentado como si fuera un test multiple choice como los que les toman a quienes quieren ingresar a la universidad en Chile.

Pero hace días, sabiendo el amor que siento por Zambra, Sebastián Lidijover me envió el libro y con la novela en la mano no pude no arrancarla. Obviamente que, como suele suceder, mi prejuicio en relación a cómo estaba presentado el libro era una idiotez y la novela de Zambra es espectacular, sobre todo la parte de los relatos.

Incluso hay uno de los tres relatos que presenta donde un padre se sincera profundamente con su hijo que, de alguna manera, tiene muchas coincidencias con lo que después Zambra desarrolló de manera extensa en Poeta chileno, su última y más larga novela.

En Facsímil se mezclan ejercicios que parecen haber sido sacado de tests pero que están profundamente anclado en la poesía, que es donde empezó Zambra, pero no se cierra a eso. También tiene una suerte de ensayo y, poco pero increíblemente precioso, también de narrativa.

2. César Aira por Alan Pauls

César Aira, uno de los escritores vivos más importantes de la Argentina y, con más de un centenar de obras en su haber, el más prolífico, no suele hablar con la prensa. Por ese motivo la entrevista que le hizo Alan Pauls, otro escritor único, tiene valor en sí mismo. Culpa de la pandemia la “charla” tuvo que ser a través de e-mail. Pauls le mandaba las preguntas y Aira se tomaba su tiempo para contestarlas o ignorarlas, dependiendo cuántas ganas tenía de responder lo que su par le había preguntado.

La entrevista es larga y la cantidad de frases que se pueden sacar que son riquísimas en contenido y que no solo nos permiten entender cómo piensa, trabaja y escribe uno de los autores más importantes del país, sino también las enseñanzas para nuestra propia escritura y vida, son únicas.

Dejo algunas frases que me parecen de muchísimo valor.

Sobre las cajas en las que solemos encerrarnos:

Creo que cuando uno se hace una idea personal de la literatura es inevitable que termine saboteando su carrera. Sería preferible no hacerse ninguna idea, ¿no?

Sobre la experiencia que nace de la escritura:

En nuestro oficio, aprender es aprender a hacer trampas, a disimular deficiencias de la idea y crear falsas elegancias del lenguaje, a llenar el vacío. Si hay algo de veras bueno en lo que hacemos, está al principio, cuando todavía no se ha vivido y la literatura está plena y sin mezcla. Después lamentablemente hay que vivir, y la experiencia se cuela en lo que escribimos, con sus miserias y mezquindades.

Sobre la escritura:

Como he sido leído por tan pocos, y por casi nadie del círculo familiar en el que vivo, siento como si la literatura hubiera sido mi vida secreta, de la que nadie sabe nada. Como si todo lo que escribí estuviera en clave, y ni yo mismo supiera cómo descifrarla, o me hubiera olvidado.

La complejidad de sentarse a escribir:

Doy muchas vueltas antes de ponerme a escribir, como si empezar fuera meterse en un lugar del que después va a ser difícil salir.

Cuando aparece el bloqueo del escritor:

Cuando no sé cómo seguir, la experiencia me ha enseñado que la única solución es seguir. Si me paro a pensarlo, no se me va a ocurrir nada así pasen cien años. En cambio, si sigo escribiendo, algo sale, siempre. Escribo solo cuando estoy escribiendo. Pensar, proyectar, imaginar, no me sirve de nada. En cambio, el ejercicio neuropsicomotor de la mano con la lapicera lo hace todo por mí.

Sobre la corrección:

No corrijo mucho. Un poco sí, porque siempre queda algo por emparchar. Sucede que como voy inventando a medida que escribo, tengo que pensar, y eso me obliga a ir lento, y me da tiempo para hacer frases elegantes y buscar palabras raras. Después, no encuentro nada o casi nada que cambiar. Claro que podría cambiarlo todo, pero ¿para qué? Una cosa es quedar insatisfecho con lo que uno hizo, otra es ponerse a averiguar por qué. La autocrítica me parece un gesto de narcisismo presuntuoso. Además, no tiene ninguna importancia, el mundo no va a cambiar porque mis libros estén mejor o peor escritos. Ni siquiera creo que a nadie le importe.

Sobre los finales:

Darle tanta importancia a un buen final revela que se concibe el libro (la novela, el cuento) como un producto, que como producto vendible y consumible debe responder a criterios de calidad. No hice nunca antes de ahora este razonamiento, pero creo que intuitivamente estuve resistiéndome a esa lógica productivista con mis finales decepcionantes.

Sobre la industria:

Detesto hacer listas. Detesto que me pongan a mí en una lista. La crítica literaria, la académica y la otra, consiste en poco más que en hacer listas y sacar conclusiones de la lista. A los escritores habría que tratarlos como las particularidades absolutas de los astrofísicos.

Sobre el escritor:

Para los que le damos más importancia al escritor que a sus libros, la lectura de una biografía, lo mismo que la de sus diarios y su correspondencia y los testimonios de sus contemporáneos, y los libros que él leía, son necesarios para poder decir que uno lo ha leído realmente. Solo cuando esa constelación existe es que se puede decir que ese escritor existe.

Sobre la literatura contemporánea:

Menos mal que el giro autobiográfico se dio cuando ya se habían escrito muchas obras maestras. Se habría perdido mucho si Dante, Shakespeare, Proust o Kafka hubieran dado el giro. Hoy tendríamos mucha información sobre unos señores intensamente neuróticos, y poca literatura.

Sobre los textos que no se comprenden:

Sin entrar en profundidades freudianas, lo incomprensible también es promesa. Mientras que lo que se entiende se puede dejar atrás, lo no entendido sigue con uno, haciéndole compañía

Un detalle que me pareció curioso, o tierno, diría, aunque es una boludez gigante, es que Aira usa OpenOffice y que las respuestas a las preguntas que le hacía Pauls se las adjuntaba en un archivo .odt (la extensión de OpenOffice) que Pauls no conocía y decidió llamar, de manera arbitraria pero increíble, Oddity.

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3. The Laughing Heart

Esta semana estaba buscando algún poema para justamente poner en la sección Poema de la semana y como no encontraba fui a lo seguro, a un autor que siempre tuve cerca y que, además de haber publicado algunos de mis libros preferidos de ficción, como La senda del perdedor, que es su autobiografía, también tiene algunos poemas que pueden emocionarme hasta las lágrimas: Charles Bukowski.

La cosa es que este poema me gusta tanto y me llega tan profundo que quería comentarlo un poco.

Hank tiene muchísimos poemas publicados y su poesía tiene la misma característica que su narrativa: son directos y sin esos giros clásicos de este tipo de composiciones literarias. Sus palabras se entienden sin la necesidad de pensar en imágenes que muchas veces necesitamos para poder comprender algunos poemas y creo que ahí es donde reside su potencia. No da vueltas. Va al grano y dice lo que quiere decir con un lenguaje llano y natural.

The Laughing Heart (El corazón que ríe), es uno de los poemas de Bukowski que más me gustan. Si bien él siempre fue un autor profundamente depresivo y duro en la mayor parte de su obra, este poema es una caricia al alma, una suerte de mensaje de reivindicación (hay una luz en algún lugar/ puede que no sea mucha luz pero/ vence a la oscuridad) a quienes puedan estar pasándola mal, como, obviamente, la pasó su autor prácticamente toda su vida.

Además, hay un video donde The Laughing Heart es leído por el músico Tom Waits y su voz profunda, grave y repleta de seriedad que, por momentos, recuerda a la voz de Bukowski.

Dejo The Laughing Heart en el idioma original y también en español.

The Laughing Heart

your life is your life
don’t let it be clubbed into dank submission.
be on the watch.
there are ways out.
there is light somewhere.
it may not be much light but
it beats the darkness.
be on the watch.
the gods will offer you chances.
know them.
take them.
you can’t beat death but
you can beat death in life, sometimes.
and the more often you learn to do it,
the more light there will be.
your life is your life.
know it while you have it.
you are marvelous
the gods wait to delight
in you.

El corazón que ríe

tu vida es tu vida
no dejes que sea golpeada contra la húmeda sumisión
mantente alerta
hay salidas
hay una luz en algún lugar
puede que no sea mucha luz pero
vence a la oscuridad
mantente alerta
los dioses te ofrecerán oportunidades
conócelas
tómalas
no puedes vencer a la muerte pero
puedes vencer a la muerte en la vida, a veces
y mientras más a menudo aprendas a hacerlo
más luz habrá
tu vida es tu vida
conócela mientras la tengas
tú eres maravilloso
los dioses esperan para deleitarse
en tí.

4. Dulces son los frutos de la adversidad

Esta semana estuve viendo algunas charlas TED y si bien todas tienen algo para rescatar, hubo una parte de una en particular que me pareció fantástica. Se trata de la charla de Karla Souza, actriz que quizás conozcas por ser una de las protagonistas en How to Get Away With Murder, que tituló Dulces son los frutos de la adversidad, por una frase tomada de uno de los libros de Shakespeare. En ella Karla habla de las historias que le contaba su padre, del motivo que nos mueve a cumplir nuestros sueños, pero hay una parte en particular donde habla de la importancia del arte y cómo la ayudó a ella a recuperarse de una situación traumática que me pareció particularmente bella.

Mientras estudiaba actuación en Londres, una carrera muy difícil en la que quedaban solo 30 de 5.000 ingresantes, de un día para el otro, dejó de poder hablar. Durante tres meses simplemente no podía hablar. ¿Cómo logró salir de ese momento en el que la medicina no podía ayudarla porque ningún médico podía explicarle lo que le estaba pasando? A través del arte.

Fue a través del reconocimiento de su dolor en textos de Sylvia Plath, de Shakespeare, de Jack Kerouac, de obras de Frida Kahlo, que entendió que lo que sentía ella y que su cabeza había expresado a través del bloqueo del habla, que pudo saber que no estaba sola y que, efectivamente, podía salir de ese pozo en el que estaba hundida.

No es de las mejores charlas TED que he visto, pero ese momento es precioso y nos muestra que el arte puede, como ella dijo, salvar vidas.

QUOTE

"Nunca podés entender realmente a una persona hasta que consideras las cosas desde su punto de vista. Hasta que trepas a su piel y caminas en ella".

— Harper Lee, To Kill a Mockingbird (1962)

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POEMA DE LA SEMANA

Riesgo

Y el día llegó
en el que el riesgo
que corría por quedarme firme
dentro del capullo
era más doloroso
que el riesgo
que corría
por florecer.

– Anaïs Nin

Outro

Hola, amis, ¿cómo estás? Espero que hayas tenido una semana tranquila. Siento que la tranquilidad en la época que estamos atravesando vale más que el oro. Por suerte mi semana fue mucho mejor que las que venía pasando. Ya te conté por qué en la edición anterior.

Terminé Fullmetal Alchemist Brotherhood, que me encantó, y estoy cerca de terminar The Office, que estoy consumiendo a cuentagotas porque no quiero que termine. Sé que hay un montón de otras comedias que no vi que podrían llenar su vacío, como Seinfeld, Parks & Rec o Brooklyn Nine-Nine, pero también sé que no será lo mismo. Quizás simplemente deje pasar un tiempo entre The Office y alguna otra comedia bien clásica y vuelva a ver los dramas estilo los que produce HBO como Big Little Lies, Sharp Objects y esas producciones tan espectacularmente contadas.

También, como te diste cuenta porque lo comenté, terminé Facsímil, del autor que más envidio y amo en la actualidad: Zambra. No te preocupes, es una envidia copada. De esa que sentís cuando admirás muchísimo a una persona y decís “pucha, cómo me gustaría tener su destreza”. Después pasé varias horas en la cama buscando qué leer a continuación. Obviamente no encontré. Medio que no sé lo que quiero, así que estuve buscando clásicos, coming of age –uno de mis géneros preferidos dentro del mundo de la ficción– interesantes que puedan haber salido en los últimos años y más.

Lo que hago cuando no sé qué leer es volver a los autores que amé y que no terminé de leer completos. Puede ser Kerouac, Hemingway, Zambra (aunque ahora creo que ya no me queda ninguna novela para leer), Plath, Virginia Woolf, pero tampoco tenía ganas. Nada me viene bien, resumiendo. Ya veré con qué seguir. Si tenés algún librito contemporáneo que te haya volado la cabeza, te pido que me lo recomiendes así me ayudás, quizás, a sacarme este problema de encima.

Bueno, basta de rants sin sentido y problemas del primer mundo. Te dejo que disfrutes tu domingo y, como siempre, si me querés ayudar podés hacerlo aportando a observando, comprarme un cafecito o compartir lo que hago en tus redes sociales para que más gente conozca el newsletter.

Te deseo mucha tranquilidad,

Axel

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