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Por Axel Marazzi

1. El artista de la tragedia

Si le mostras una obra de Rothko a alguien que no suele consumir obras artísticas lo más probable es que su reacción sea la que tuvimos muchos a lo largo de nuestra vida: “Eso puede hacerlo cualquiera”. Y un poco tendrían razón, pero si bien eso podría hacerlo casi cualquier persona con un poco de entrenamiento en lo que respecta a la pintura, no lo hizo cualquiera. No solo fue él el primero que desarrolló este estilo minimalista único en el que se pueden observar dos, tres, cuatro o cinco colores como mucho inmortalizados a través de cuadrados, rectángulos y líneas, sino que también tenemos que tener en mente la época en la que adoptó este estilo.

La relación del mundo artístico con la obra de Rothko cambió radicalmente el 25 de febrero de 1970. Ese día pasaron dos cosas. La primera fue que el artista le donó a la Tate Gallery, en Londres, nueve pinturas. La segunda es que ese mismo día el artista fue encontrado muerto en su estudio de Manhattan. Rothko se había suicidado y su cuerpo yacía en el piso rodeado de un charco de sangre de unos 1.80 x 2.40 metros. Mucho se especuló sobre su fallecimiento y los motivos por los cuales el artista decidió no solo cortarse los antebrazos, sino también tomar una gran cantidad de pastillas. Algunos relacionan su muerte con la culminación de su obra performática. El artista del minimalismo, de la evolución de los colores estridentes a los oscuros, rodeado de sangre en un espacio que medía prácticamente lo mismo que una de sus obras.

Rothko siempre fue un artista que se preocupó y tuvo relación con la muerte. En una “receta” para la creación de una obra dijo: “Debe existir una clara preocupación por la muerte — insinuaciones de mortandad… el arte trágico, el arte romántico, etc., se enfrenta a la conciencia de la muerte”. Él, según sus propias declaraciones, siempre estuvo interesado en expresar las emociones humanas básicas: “La tragedia, el éxtasis, la perdición”.

Rothko nació en 1903 en Dvisnk, que en ese momento formaba parte del imperio ruso pero que hoy se llama Daugavpils y es la segunda ciudad más poblada de Letonia. En el seno de su familia de intelectuales de izquierda y ateos formó los ideales que lo acompañarían hasta la muerte. Después de la persecusión a judíos en Rusia, su familia decidió migrar hacia Estados Unidos. Cuando él tenía 10 años llegó, sin saber una palabra de inglés, a su nuevo hogar. Con el paso de los años Rothko, en ese momento Rothkowitz, se convirtió en un estudiante ejemplar y fue aceptado por la Universidad de Yale, que dejó al tiempo por haber sufrido discriminación por ser judío. En ese momento se mudó a New York, ya con la intención de convertirse en artista. En la ciudad que nunca duerme las cosas fueron diferentes, porque empezó rápidamente a relacionarse con artistas como Pollock, Gottlieb, Motherwell o Still.

De hecho fue tan brutal el cambio de estilo que proponían estos artistas después de la Segunda Guerra Mundial que dieron lugar al expresionismo abstracto, movimiento que se dio, sobre todo, en la ciudad de New York en los 40s y que convirtió a la ciudad en el epicentro del arte de la época, rol que hasta ese momento ocupaba París. El estilo, que apelaba a la espontaneidad y a la creación subconsciente, se alejaba profundamente de otros movimientos como el futurismo o el cubismo que habían nacido en Europa y cautivado al mundo.

El artista pasó por muchísimos estilos artísticos hasta que llegó a crear las obras que todos conocemos. Hay muchos motivos que generaron la evolución y que hicieron que Rothko terminara pintando las obras que pintó, pero tres en particular fueron los que más lo influenciaron. El primero fue Matisse. En 1949 el MoMA adquirió una pintura del francés llamada L’Atelier Rouge (El estudio rojo). Rothko, que se sintió profundamente conmovido por la obra, estuvo días observándola. Fue el uso de los colores vivos y la disposición de los objetos que había plasmado Matisse lo que lo marcó.

El segundo punto de inflexión fue haber visitado La Biblioteca Laurenciana, creada por Miguel Ángel, que fue erigida de manera intencional intentando alterar los sentidos de los visitantes. Sus pinturas muchas veces pueden asfixiar, pueden presentarnos un escenario sin salida y eso está perfectamente pensado por el artista. Fueron las ventanas de la biblioteca, que en vez de permitir que la luz ingresara la bloquea, lo que llevó a Rothko a tomar esta decisión en sus pinturas.

El tercer punto fue El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música, libro que escribió Nietzsche entre 1871 y 1872, donde explicaba que para él el arte debería dramatizar el terror y las luchas de nuestra existencia. Tranqui lo que influenció a Rothko. Más oscuro que el alma de tu ex.

Lo que me gusta de estos artistas que parecen crear obras simples es el trasfondo de su creación. Por qué llegaron a hacer lo que hicieron. Entender el contexto en el que crecieron, estudiaron, fueron discriminados y amaron nos permite adorar, o simplemente entender, por qué tomaron algunas de las decisiones que tomaron.

Esto es lo que consideraba Rothko de su creación, que probablemente esté muy alejado de lo que nosotros pensamos sobre su arte. Volvamos a la descripción de su arte que él mismo dio:

”No soy un abstraccionista. No estoy interesado en la relación de los colores y las formas. Estoy interesado en expresar emociones humanas básicas –tragedia, éxtasis, perdición y más–. El hecho de que haya personas que se rompan y se pongan a llorar frente a mis obras muestra que logro comunicar esas emociones humanas básicas. La gente que llora delante de mis obras están teniendo la misma experiencia religiosa que yo tuve con ellas”.

Rothko fue una persona que sufrió de depresión durante toda su vida. Fumaba varios paquetes de cigarrillos por día y tomaba medicación. A medida que su enfermedad mental fue empeorando, eso se vio reflejado en su obra, que había empezado con colores vivos, como el amarillo o el rojo, y evolucionó a piezas mucho más oscuras, con el uso de púrpuras o marrones hasta llegar, cuando se acercaba el fin de su vida, a grises y negros. De hecho algunos expertos relacionaron el uso de estos colores como una especie de nota de suicidio.

2. Ahí vamos

Cerati probablemente es mi músico argentino preferido. Mientras escribo esto intento pensar alguien que pueda hacerle sombra, pero no encuentro. Sé que habrá fanáticos de Charly, de Spinetta o de Los Redondos que puedan decirme, por muchísimos motivos, por qué ellos son mejores que Gustavo, pero no se gasten, porque a mí no me entra una bala. Fuerza Natural es el disco solista de un artista argentino que más me llegó y emocionó y los sentimientos no se racionalizan ni se debaten.

Podrás imaginarte la felicidad que me dio haberme enterado que se lanzó un documental donde se cuenta el trasfondo de Ahí vamos, otro de los grandes discos de Cerati. Un video de 22 minutos donde hay imágenes y declaraciones inéditas de Gustavo y compañía mientras grababan el disco.

Ahí vamos es un discazo absoluto. Tiene en su tracklist temas como “Adiós”, “Me quedo aquí”, “Crimen” o la increíble e inigualable “Lago en el cielo”, que me pone la piel de gallina con solo escuchar los primeros acordes.

En el documental se puede ver a Gustavo hablar no solo del proceso de grabación y producción del álbum, sino también de los miedos que tenía a la hora de meterse en el estudio otra vez para arrancar con la grabación de una nueva obra, sobre cómo no convertirse en un artista predecible, el significado del nombre del álbum, sus ya conocidas obsesiones a nivel sonoro, y más.

Para aquellos que sean seguidores de Cerati, de Soda y para quienes sean amantes de la música en general, este es un video obligado.

Lo que se lo extraña.

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3. "La casa de Adela", de Mariana Enriquez

Esta semana llegué a un cuento de Mariana Enriquez llamado “La casa de Adela”, que forma parte del libro Las cosas que perdimos en el fuego editado por Anagrama. Llegué gracias a la recomendación que hizo Malena Rey en su newsletter El Hilo Conductor. Hace tiempo que digo que no leo cuentos, que no suelen engancharme con, sobre todo, los personajes que los protagonizan y que por ese motivo me gustan más las novelas, que permiten desarrollar esos personajes de una manera mucho más profunda contando su pasado, sus pensamientos más relajadamente, sin tanto límite. Pero Mariana Enriquez está más allá de mis caprichos personales de no leer cuentos. Es como Cortázar o Borges. No importa qué escribieron y la extensión que tengan sus relatos. Hay que leerlos en algún momento. Pueden no gustarte más tarde, pero son tan grandes que siempre hay que darles una oportunidad.

Enriquez es hoy una de las voces más importantes de la literatura no solo en Argentina, sino también a nivel mundial. Si bien tiene varios libros de cuentos y novelas en su haber –solo leí Este es el mar– la última que publicó, Nuestra parte de noche, se convirtió en uno de los libros mejor recibidos de los últimos tiempos. No solo por nosotros, los simples mortales que leemos por placer, sino que también por la crítica. De hecho ganó el Premio Herralde de Novela, uno de los más prestigiosos que hay dando vueltas.

Bueno, todo esto para decir que Mariana Enriquez debe ser leída. Su voz narrativa, sus capacidades de descripción y su simpleza hacen que sus obras, muchas de las cuales tienen al suspenso o al terror como protagonista, nos vuelen la cabeza.

“La casa de Adela” es un cuento que no solo tiene como protagonista a tres chicos, dos hermanos y Adela, a quien le falta un brazo, sino también a una casa. Una casa abandonada en un barrio del conurbano de las que había a montones y, como la mayoría de todas ellas, tenía una historia oscura, repleta de fantasmas, detrás. Los chicos, como no puede ser de otra manera, empiezan a obsesionarse con esa casa abandonada que, finalmente, deciden visitar.

Un cuento muy corto que te pone los pelos de punta. No por lo que sucede, sino por el ambiente que genera Enriquez a través de sus descripciones y cómo relata lo que sienten y viven los personajes.

No te va a tomar más de 10 minutos leerlo y, estoy seguro, no te va a dejar indiferente que, después de todo, es el peor pecado que puede cometer la literatura.

4. Anafe

Hace alrededor de un año un amigo, sabiendo que me encanta ir a comer afuera y disfrutar de nuevos sabores, me insiste para que vaya a Anafe. Suelo postergar las recomendaciones. No sé por qué, pero no soy de las personas a las que, cuando les recomiendan algo, ya sea una película, una serie o, en este caso, un restaurante, lo consume al instante. Le doy un tiempo y después, si con el paso de ese tiempo me sigue interesando eso que me recomendaron, termino haciéndolo. Qué se yo, tengo mis tiempos.

Resulta que lo que más me gustó de Anafe, además de su comida, fue el lugar. La entrada parece haber sido hecha sin ganas a propósito. De hecho si pasas con el auto medio distraído no vas a notar que estás pasando por la puerta de uno de los restaurantes del momento. La fachada, con un logo mínimo y sin demasiadas luces, busca mezclarse con la cuadra donde se encuentra, de lo más barrial de Colegiales, sin edificios ni tráfico.

Por suerte, con el éxito que tiene el restaurante y la espera que suele haber, permiten pedir tragos, copas de vino o cervezas para disfrutar mientras esperas en uno de los asientos que están dispuestos para los comensales que están esperando. Pedimos una botella de Tanito by BIRA (80% Malbec, 12% Sangiovese, 8% Cabernet Franc) hasta que nos dieron la mesa.

Pedimos de entrada paté con financier (montadito de paté, financier de castañas de cajú y chutney de peras) que estaba bien, un tartar de ciervo con alioli de kimchi, mani, cebolla frita y salsa vietnamita que era exquisito y de plato principal unos tortellini rellenos de ricota y berenjena ahumada y la pesca del día. Y si bien todo fue exquisito, lo que se llevó mi amor por siempre y que voy a intentar emular en casa fue el puré de apionabo, una hortaliza que desconocía, que se usa mucho en la cocina francesa y que en Argentina prácticamente no se consume. El puré venía con almendras ahumadas y oliva y no recuerdo haber comido algo tan exquisito e innovador en mucho, mucho tiempo.

La música, finalmente, se lleva un aplauso. De fondo y a un volumen que permite charlar sin problemas, suenan Bandalos Chinos, El Mató a un Policía Motorizado y esas bandas relajadas del indie nacional.

Super recomendable si te querés dar un gusto.

QUOTE

"La ciencia ficción también es una buena manera de fingir que escribes sobre el futuro cuando en realidad estás atacando el pasado reciente y el presente. Puedes criticar a los comunistas, a los racistas, a los fascistas o a cualquier otro peligro claro e inminente y no pueden ni imaginar que estás escribiendo sobre ellos".

— Ray Bradbury

Otros enlaces

  1. Si viste The Office, esto es probablemente lo mejor con lo que te vas a cruzar en internet por un buen tiempo.
  2. How I Experience Web Today es una página muy buena que, rápidamente, nos muestra lo mala que es la experiencia del usuario en la actualidad.
  3. Un tipo imprimió una réplica de la TV de Los Simpson que funciona y emite episodios random de las primeras 11 temporadas.
  4. El extraño caso de la página web que nunca cerraba algunos tags y su tipografía no paraba de crecer.
  5. El concepto del subreddit mildly interesting (medianamente interesante) me parece fantástico. Cositas copadas, pero no tan copadas.
  6. Este “nuevo” Vermeer es espectacular.
  7. Una cuenta de Instagram preciosa que recopila frases de artistas y escritores que compartió Iago Berro en Lorem, su newsletter.
  8. No creo en los milagros, pero este es un milagro.
  9. ¿Por qué los hipervínculos son azules por defecto?
  10. No digas solo “hola” y esperes respuesta cuando mandás mensajes laborales. La explicación está perfectamente desarrollada en nohello.net.
POEMA DE LA SEMANA

 

El amor es un lugar

el amor es un lugar
y a través de este lugar de
amor se mueven
(con el brillo de la paz)
todos los lugares

sí es un mundo
y en este mundo de
sí viven
(hábilmente enroscados)
todos los mundos

– e.e. cummings

Outro

Hola, ser humano del bien que llega hasta el final de mis correos, ¿cómo estás? Yo super, tuve una semana genial incluso teniendo en cuenta que faltan como 40 días para el próximo feriado y que estuve hasta las manos de trabajo y no tuve tanto tiempo para ocio como me hubiera gustado.

Se me fue un toque de las manos el texto de Rothko. Es que empecé porque vi un video en YouTube que hablaba de él, después pasé a leer un poco sobre su vida, sobre sus influencias, y terminé escribiendo algo mucho más largo de lo que imaginaba. Espero no haberte aburrido y si te aburrió espero que lo hayas salteado. No hard feelings, kinga.

Esta semana hay un montón (un montón posta, eh) de nuevos lectores de observando. Se suscribieron muchísimas personas por dos motivos. El primero es que la grosa absoluta de Sofi Contreras, co-fundadora de Chicas en Tecnología y consultora de negocios digitales, me recomendó en Cortito y al pie, su newsletter. El segundo es que los chicos de El Gato y La Caja le dieron RT a un mensaje que publicó Aldana Juarez, lectora de observando, donde compartió El juego de la predicción, el experimento del que hablé hace algunas ediciones donde a través de un algoritmo los chicos de El Gato y La Caja demuestran cuán predecibles somos. Si sos una de todas esas personas que llegó por alguna de las dos recomendaciones, te doy la bienvenida. Espero que te guste lo que hago.

Hace algunas semanas estoy pensando en hacerme un tiempo durante el día para no agarrar el celular bajo ningún concepto. No sé bien para hacer qué. Quizás leer, salir a caminar, mirar una serie. Lo vengo pensando porque el celular es transversal a absolutamente todo lo que hago en mi vida. No importa si voy al baño, si estoy viendo una película, si estoy trabajando, si estoy en un curso, en una call o en el gym. Siempre encuentro la manera de mirar por qué se prendió la pantalla, de ir a WhatsApp a ver quién me escribió. Nunca es importante. O casi nunca. Voy a ver, primero, si termino de decidirme. Quiero poner un horario. No sé, de 18 a 19, donde no lo mire para nada. Voy a ver si termino haciéndolo y, después, lográndolo. En los últimos tiempos cambié bastante algunos aspectos de mi vida. Voy todos los días al gimnasio, como mejor, no tomo alcohol durante la semana. Siento que este sería un paso más en esa búsqueda de ¿paz mental? Veremos.

Bueno, te dejo tranqui para que disfrutes de tu domingo. Como siempre te digo, si querés ayudarme a pagar observando (MailChimp es en dólares kinga te pensas que todo esto es de arriba) podés suscribirte y hacer un pequeño aporte mensual, podés comprarme un Cafecito, no poner guita y recomendarme a través de tus redes para que llegue a más personas o no hacer nada y, bueno, sentirte mal con eso.

Mentira, qué te vas a sentir mal.

Te mando un abrazo y que tengas un domingo precioso,

Axel

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