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Por Axel Marazzi

1. Keith Haring, el dueño del underground

¿Te imaginas bajar las escaleras de una estación del subte de New York y encontrarse, en uno de los laberínticos pasillos que interconectan las paradas, obras de Keith Haring? Es lo que le sucedía habitualmente a las personas que viajaban en el transporte público en La Gran Manzana. Tomando las paredes del subte como propias, Haring se convirtió rápidamente en uno de los mayores exponentes del arte pop y callejero de la historia.

Todo, como suele sucederle a los grandes artistas y genios, sucedió gracias a que él estuvo en el lugar y momento indicado. Una de las decisiones más importantes que tomaría en su vida sin siquiera saberlo fue cuando decidió mudarse a New York en 1978, momento en el que la cultura del graffiti estaba explotando y haciéndose su lugar en el mainstream.

Esa fue la época en la que otros artistas, como Jean-Michel Basquiat, se estaban convirtiendo en iconos a través del camino que a todos les había allanado el inigualable Warhol. Ambos fueron no solo una gran inspiración para Haring, sino también con quienes terminó convirtiéndose en amigo.

New York era el lugar indicado y los fines de los 70s el momento justo donde Haring tenía que estar para poder hacer explotar su faceta de artista callejero. Y quién más callejero que Haring, que usó al subte de New York, por donde pasan varios millones de personas todos los días, como su galería.

Rápidamente Haring, por tener una personalidad explosiva y extrovertida, comenzó a formar parte del mundo artístico de NYC. Haciendo performances en lugares como Club 57, por donde pasaron artistas como Madonna, Cyndi Lauper, RuPaul, The B-52s, Basquiat, y una interminable lista, en poco tiempo su nombre había logrado posicionarse.

Haring, como todos los artistas callejeros, necesito hacerse de un estilo rápido que le permitiera, en cuestión de pocos minutos, terminar una obra. Pintar en la calle significaba hacerlo de manera ilegal, más en la New York de la época, y así es como dio con esos personajes caricaturescos y minimalistas conformados solo por algunas pocas líneas. Monigotes evolucionados.

El crecimiento de Haring fue como su personalidad: explosivo. Pasó de pintar en subtes y caer en cana en varias oportunidades por “vandalizar” la vía pública a pintar el Muro de Berlín, y dibujar la ropa de Madonna, por decir solo dos hitos que fueron muy importantes en su carrera. Incluso abrió una tienda de retail en el barrio del SoHo en el 86 donde vendía remeras, camperas, posters y, obvio, obras. Fue uno de los primeros artistas que, solo, vio que su arte podía expandirse más allá de las paredes, que se podían convertir en objetos.

Haring, abiertamente homosexual, pasó una gran parte de su carrera esforzándose en promover el sexo seguro. De hecho una de sus más importantes obras se llama, justamente Safe Sex. Por ese motivo fue tan duro cuando reveló que tenía Sida, enfermedad que terminó matándolo en febrero de 1990, cuando tenía 31 años, solo un año después de haber fundado la Keith Haring Foundation, ONG que ayudaba monetariamente a organizaciones que luchaban contra el HIV.

En poco menos de una década, Haring había conquistado a la New York artística y, por ende, al mundo. Su arte puede parecer aniñado y simplista, pero fue él, que siguió el camino de Warhol primero y Basquiat después, el que continuó marcando y haciendo del mundo del arte un lugar más bello, repleto de colores y sacándolo de las galerías para usar la calle como lienzo.

2. Era la vida, por Leila Guerriero

Leila es de esas personas que amo y odio profundamente. Ya lo dije muchas veces y me pasa con muchos autores. Hemingway, Bukowski, Plath, Salinger son solo algunas de esas personas que, como Guerriero, tienen un talento en su capacidad de relatar situaciones que es completamente único y que me genera ese sentimiento dicotómico.

Y este pequeño texto que forma parte de Teoría de la gravedad, el último libro de Leila, lo demuestra a la perfección. Se llama Era la vida y es tan cortito –de hecho técnicamente es solo un párrafo– como profundo.

Era la vida

Debería, por ejemplo, empezar por viajar más, por viajar menos, por no viajar en absoluto. Debería hacer las paces con mi padre, debería depender menos de mi padre, debería ver a mi padre más seguido. Debería salir de esta casa en la que paso tanto tiempo sola, debería quedarme en casa y no salir a aturdirme con gente que no me importa en absoluto. Debería terminar mi novela. Debería renunciar a este trabajo que detesto. Debería ir a bailar antes de ser el más viejo de la discoteca. Debería divorciarme. Debería empezar a usar toda esa ropa que hace años que no uso. Debería ir a recitales. Debería invitarla a cenar, invitarlo a un bar, decirles que soy gay. Debería parar con la cocaína. Debería probar alguna vez un trago, debería beber menos, debería dejar de beber. Debería aprender a tocar la guitarra. Debería ir a África mientras todavía puedo caminar. Debería cambiar de analista, conseguir un analista, dejar de ir al analista. Abandonar las pastillas. Ceder. No ceder. Arrojarme en paracaídas, tomar un curso de buceo, poner un hotel en la montaña, un bar en una playa de Brasil. Ir más despacio, ponerme en marcha, no mirar atrás. A fin de año, más que nunca, la vida no es la vida sino una patética declamación de buenas intenciones, una renovación del permiso de postergarlo todo, una fe idiota en que nunca será demasiado tarde para nada. "Toda la inmortalidad que puedes desear está presente / aquí y ahora", escribió el poeta chileno Gonzalo Millán en Veneno de escorpión azul, su diario de vida y de muerte, y esa bestia terrible de la poesía, la uruguaya Idea Vilariño, dijo, mejor que nadie, peor que nunca: "Alguno de estos días / se acabarán las bromas y todo eso / esa farsa / esa juguetería / las marionetas sucias / los payasos / habrán sido la vida".

En 315 palabras Leila te hizo sentir todo lo que acabas de sentir. Te hizo replantear tu vida en 315 palabras. Qué bestia.

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3. Hernán Cattaneo en Caja Negra

Como probablemente te haya pasado, tuve mi época de ir a fiestas de música electrónica y, como también le pasa a la mayoría, ya le dejé atrás. Cuando iba a esas fiestas descubrí el fenómeno Hernán Cattaneo. Hasta que empecé a moverme en ese ambiente no solo no sabía quién era, sino que no sabía demasiado sobre su existencia. Solo que era muy respetado. Y cuando empecé a ir a las Creamfields, a las Southfest, o a las South American Music Conference si bien su música no me gustaba demasiado, empecé a entender el fenómeno y la magnitud de este tipo que tocaba muy poco acá en el país porque vivía girando por todo el globo.

A medida que me hice más grande y dejé la mayor parte de la música electrónica atrás para escuchar sobre todo a bandas de rock, el único con el que mi gusto musical se siguió llevando bien fue con Cattaneo. La vejez me permitió empezar a disfrutar más de la tranquilidad de su música, más voladora que explosiva y que no disfrutaba de pendejo porque quería beats más potentes como los de Armin van Buuren o Paul van Dyk o Above & Beyond.

Todo esto para contarte que esta semana vi la entrevista que Hernán le concedió a Julio Leiva para Caja Negra, el programa que sale a través de YouTube de Filo.News donde cuenta cómo pasó de moverse por el under argentino donde no existían prácticamente lugares para poder pasar música como lo hacía él a convertirse en una de las personas más importantes de la historia del progressive house y de la música electrónica. Cómo su relación con Paul Oakenfold lo movió al mainstream, cómo fue su residencia en Pacha, cómo se perdió tocar para Madonna porque se había ido al cine y en esa época no existían los celulares, su opinión sobre la pelea entre Pappo y DJ Dero, lo que piensa sobre la tragedia de Time Warp y cómo tuvo que trabajar personalmente para poder limpiar la mala reputación que tuvo durante ese tiempo el estilo de música que él hace. Una entrevista interesantísima que cuenta la historia de uno de los DJs más importantes del mundo.

Por cierto, si no sabés nada sobre Cattaneo y te gustaría escuchar algo de las 200 millones de cosas que hay en YouTube, te diría que empieces por el SunsetStream Eclipse Edition que hizo en Bariloche esperando el eclipse que se dio el pasado 14 de diciembre. En el momento más importante del eclipse pone un remix que hizo Carl OS del tema “Cluster One” de Pink Floyd que tranquilamente podría hacerte emocionar si estás en el mood.

4. Los aeropiratas, La llamada del 10 y Ciudad infinita

Uno de los momentos en los que más podcasts escucho es durante los viajes largos en los que las radios que suelo consumir no funcionan. Y qué mejor que las más de 12 horas que me tomó ir de Buenos Aires a Misiones y las otras 12 que me tomó volver para eso. Si bien escuché muchos más, te voy a comentar algunos de los episodios que escuché que más me gustaron de mi podcast preferido en la historia: Radio Ambulante.

Los aeropiratas. En este episodio se cuenta la historia de cómo en los 70s secuestrar aviones en Colombia era no solo “fácil” por la falta de controles que había en esa época en la industria aeroespacial, sino también bastante cotidiano. Pero agarrándose de eso, cuentan la historia de un secuestro muy particular: el del vuelo HK-1274 que tuvo la particularidad de ser uno de los secuestros de aviones más largos de la historia que llevó a la nave a varios países del continente y que tuvo en vilo a todo el mundo. Es una historia surreal por donde se la mire y completamente atrapante.

La llamada del 10. En primera persona Mariano Sinito, el pibito que conoció a Diego Maradona en Agrandadytos, el programa conducido por Dady Brieva hace más de 20 años, cuenta los problemas psicológicos que le generó ese episodio culpa de profesores de mierda de su escuela y unas autoridades completamente irresponsables. Tan triste como, por momentos, emocionante.

Ciudad infinita. El último que te voy a recomendar, que creo que es el que más me cautivó por lo espectacular de la historia, se llama Ciudad infinita. En él se cuenta, en parte, la vida de Oliver Perrottet, un suizo aventurero que llegó a la caótica Lima en la década de los 70s para darse cuenta que no había ninguna guía que le permitiera entender qué colectivos tomar para ir de un punto a otro y moverse por la ciudad. Trabajando como profesor de alemán solo una vez por semana decidió tomar como propia la maratónica tarea y, él mismo, hacer esa guía. La historia es única.

QUOTE

"You're good. Get better. Stop asking for things".

— Don Draper

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Canción ideal 14

La vida, amigos, es aburrida. No deberíamos decirlo.
Después de todo, el cielo brilla, el majestuoso mar anhela,
Nosotros mismos brillamos y anhelamos,
además, mi madre me decía cuando niño
(repetidamente) “cada vez que dices estar aburrido
significa que no tienes

Vida interior”. Concluyo que no tengo
vida interior, porque estoy muy aburrido.
La gente me aburre,
la literatura me aburre, especialmente la gran literatura,
Henry me aburre, con sus aprietos y líos
tan desafortunados como los de Aquiles,

que amaba a los demás y el arte valiente, lo cual me aburre.
Y las apacibles colinas, y el gin estorbando
y de alguna forma un perro
ha sido capturado desvaneciéndose
entre las montañas, el mar o el cielo, dejándome
atrás como a un payaso.

– John Berryman

Outro

Hola, amiguite del bien. Perdón por haber desaparecido una semana más de la que había dicho que me iba a tomar. Es que volví de Misiones manejando y arranqué la semana cargado de tareas pendientes que tuve que posponer por las vacaciones. A eso se sumó que el viaje me cansó muchísimo más de lo que esperaba. Son 12 horas de auto y si bien Maca también maneja, llegué exhausto. Excusas, excusas, lo sé.

No sabés lo que la pasé en Misiones. No puedo creer lo linda que es la provincia, la vegetación que tiene, las cascadas –o saltos, que es su nombre correcto–. Fui a las Cataratas del Iguazú que no conocía y también a los saltos del Moconá, que no son tan famosas como las cataratas pero sí igual de increíbles. Se tratan de cataratas que tienen entre 5 y 10 metros de altura, dependiendo de lo crecido que esté el río, y que se extienden por unos 3km. Como no se puede caminar por ahí ni hay pasarelas, ese paseo hay que hacerlo sí o sí en una lancha. La experiencia es única. Es entendible por qué le pusieron Moconá, que en guaraní significa “que todo lo traga”. Si tienen la posibilidad de ir, háganlo, porque es un espectaculo natural precioso.

El paisaje de la ruta misionera y algunos saltos, como el Orquídeas o el Golondrina me recordaron muchísimo a algunas zonas de Hawái.

No te conté, pero el viaje de ida lo hice con dos cachorros de ovejero alemán. Fue un viaje, por decirlo de alguna manera, divertido y caótico. Divertido porque los perritos son unos dulces absolutos (los extraño mucho) y caótico porque tuvimos que cuidar constantemente que no hicieran sus necesidades en el auto. Tarea que, al menos si tenemos en cuenta solo “el segundo”, lo logramos con éxito.

Antes de irme te tiro un autobombo. Salió una nueva edición del newsletter que hago para Patagonian, una empresa de tecnología argentina. En esta oportunidad escribí sobre realidad virtual y aumentada. Si querés suscribirte, podés hacerlo acá.

Ahora sí, te dejo en paz. Acordate que me podés ayudar bocha si decidís aportar a observando. Podés hacerlo con lo que puedas, desde el valor de una cerveza hasta…lo que de. Si te parece mucho aportar mensualmente, podés pagarme un cafecito. Si eso también te parece mucho, podés compartir lo que hago en tus redes sociales así llego a más personas.

Por cierto, si sos uno de los que me escribió preguntándome por qué no había salido la semana pasada observando, te agradezco. Me pone muy feliz saber que hay gente del otro lado que están esperando ansiosamente el newsletter cada domingo.

Un abrazo,

Axel

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