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Por Axel Marazzi

1. Hacé

Sol LeWitt, un artista muy vinculado al arte conceptual y al minimalismo, y la escultora Eva Hesse, se conocieron en los 60s y pegaron mucha onda. Mucha. Era sabido que Solomon amaba a Eva. De hecho, en una entrevista que le hicieron a Hesse, le preguntaron directamente por qué no estaban juntos. La respuesta de Eva fue clara: “Uno no se acuesta con su hermano”. En uno de sus diarios, ella escribió: “Sol me lo dijo hoy. Él quiere más que nuestra cercanía; quiere una relación total, completa. No puedo culparlo, pero tampoco puedo ayudarlo. No puedo darle lo que quiere”.

Esta semana llegué a una carta que le escribió Sol a Eva en relación al trabajo del artista, al bloqueo creativo, al miedo a la hoja en blanco. Son palabras preciosas, que te empujan a querer crear, a olvidarte de todo y preocuparte por lo que tenés en tu cabeza dejando de lado el mundo. Es una carta preciosa, repleta de amor, con consejos de alguien que quería profundamente a la otra persona.

Querida Eva,

Hace casi un mes que me escribiste y posiblemente te olvidaste cómo era tu estado mental (aunque lo dudo). Parece que seguís como siempre y que, tratándose de vos, estás en estado de odio. ¡No! Aprende a mandar a la mierda al mundo de vez en cuando. Tenés todo el derecho a hacerlo. Simplemente dejá de pensar, preocuparte, de mirar por encima del hombro preguntándote, dejá de dudar, temer, sufrir, buscar la salida de emergencia, luchar, aferrarte, confundirte, rascarte, murmurar, trastabillarte, tartamudear, tropezar, resbalar, gruñir, lamentar, hacer trampas, revolverte, insultar, criticar, aullar, sacudir, calcular, gemir, afilar, desollar, despiojarte, mearte, hurgarte la nariz, apretar el culo, meterte el dedo en el ojo, señalar, escabullirte, aburrirte de esperar, dar pequeños pasos, mirar mal, rascarte la espalda, perseguir, calumniar y molerte, molerte, molerte la cabeza de tanto pensar. Para y simplemente ¡Hacé!

El trabajo que estás haciendo suena muy bien. Hace más. Más cosas sin sentido, locas… lo que sea… Hacélo hasta hartarte sin pararte a pensar. Intentá despertar algo dentro tuyo. En el fondo, sos lo que se esconde en la parte más secreta de ti. No te preocupes por lo cool, hacé tus propias cosas 'no cool'. Hacé cosas tuyas, tu propio mundo. Si tenés miedo, sacále provecho a ese temor: dibuja y pinta ese miedo y ansiedad. Y deja de preocuparte de cosas grandes y profundas como "decidir sobre el sentido de la vida". Tienes que practicar y aprender a ser estúpida, tonta, vacía, a no pensar. ¡Entonces serás capaz de HACER!

A pesar de que te atormentas a ti misma, tu trabajo es muy bueno. Intenta hacer algún trabajo mal, lo peor que se te ocurra y mirá lo que pasa. Pero ante todo, relajáte y dejá que todo se vaya al carajo. Vos no sos responsable de todo lo que pasa en el mundo, sólo sos responsable de tu trabajo. Así que HACELO. Y no pienses que tu trabajo tiene que seguir una línea preconcebida. Puede ser lo que vos quieras que sea. Pero si creés que tu vida sería más fácil si dejaras de crear, entonces pará. No te castigues a vos misma. Sin embargo, creo que crear está tan intrínsecamente metido en vos que te sería más fácil ¡HACER!

De alguna forma, entiendo tu actitud porque tengo esas mismas dudas de vez en cuando. También tengo "reevaluaciones agónicas" de mi trabajo: momentos en los que lo cambio todo tanto como puedo, odio todo lo que hice e intento rehacerlo de una forma diferente y mejor. Tal vez necesito ese proceso para empujarme hacia adelante… la sensación de que puedo hacerlo mejor que esa mierda que acabo de terminar. Quizá vos necesites tu agonía para llevar a cabo lo que hacés. Y tal vez te incite a hacerlo mejor. Pero es muy doloroso, lo sé. Sería mejor si tuvieras la confianza de, sencillamente, hacer las cosas y no pensar más en ellas. Ya sé que sólo tenemos energía para trabajar una cantidad de tiempo y el resto del día se queda libre para nuestros pensamientos, pero a la hora de trabajar o antes de trabajar, ténes que vaciar tu mente y concentrarte en lo que estás haciendo. Después de haber hecho algo, ya está hecho y punto. Con el tiempo te vas a dar cuenta de que algunas cosas son mejores que otras pero también vas a poder ver hacia qué dirección te encaminas.

Debes creer en tu habilidad. Intentá hacer las cosas lo más terrible y escandalosamente que puedas… Impáctate a vos misma. Tenés en tu mano la habilidad de hacer cualquier cosa.

Con amor,

Sol

2. Severance

Hace mucho que una serie no me entusiasmaba tanto y me hacía pensar tanto como me pasó con Severance, de Apple TV+. Ya comenté un poco de qué iba la semana pasada, pero trata sobre personas que, para trabajar en una empresa, tienen que realizarse un procedimiento quirúrgico que disocia su cerebro. Ese procedimiento no les permite recordar lo que hacen en sus trabajos cuando están en sus vidas “reales” ni tampoco recordar sus vidas “reales” cuando están en sus trabajos. Algo así como la meca del capitalismo. Empleados que, sin nada más que el trabajo en sus cabezas, no puedan hacer otra cosa que producir. Producir, producir, y producir.

Pero si bien esa puede ser la premisa del show, la producción puede leerse en varias capas. Las implicancias filosóficas que tiene son brutales, porque, para los cerebros de los protagonistas, se tratan de dos vidas separadas. Algo así como el “pienso, luego existo”, de Descartes, pero adaptado a la actualidad que nos atraviesa constantemente: “Trabajo, luego existo”. Sin contar las referencias claras que hay en relación a la alegoría de la caverna de Platón.

La profundidad de la serie la vemos desde el momento cero, cuando observamos los cambios en las personalidades de los protagonistas del show. Cómo, sin determinados recuerdos, nuestra forma de ser puede cambiar tanto. Tanto que un personaje tranquilamente podría enamorarse dentro del trabajo sin saber que afuera también lo está. O puede de un día para el otro llegar al trabajo con panza de embarazada cuando el yo del interior no tenía la menor idea que estaba gestando. Surgen muchas preguntas que no son de fácil respuesta. Lo primero que se nos ocurre es qué pasa si nuestro yo “real” toma la decisión de no ir más al trabajo. ¿Significa eso que estamos decidiendo “matar” a una parte de nosotros? Porque esa parte tiene relaciones, amistades y una vida propia dentro de las paredes de su oficina que nosotros, el “real”, desconocemos. Pero que no sabemos que existen no significa que sean inexistentes. Y no significa que tengan una importancia para nuestros yo “laborales”.

Pero más allá de lo filosófico, también se trata de un relato sci-fi interesantísimo que atrapa porque realmente queremos ver cómo se desenvuelve, qué decisiones toman los protagonistas y cómo eso afecta a las dos personas que tienen dentro. Tiene momentos preciosos que son claros golpes a esas empresas que hablan de sus empleados como familia, de estar cambiando y mejorando el mundo, discurso muy arraigado sobre todo en las compañías que nacen de Silicon Valley o del sector tecnológico.

El show, más allá de los significados que podamos darle nosotros, trata del dolor, de cómo nos desarmamos ante la muerte, ante el sufrimiento, y cómo debemos trabajar para poder rearmarnos, para poder superar esos momentos que nos ciegan y no nos permiten seguir adelante.

Es sin duda de lo más interesante que vi en los últimos años.

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3. "El almohadón de plumas", de Horacio Quiroga

El fin de semana pasado fui a la costanera de Vicente López. Hicimos un picnic con unos amigos, tomamos cerveza, comimos sanguchitos de miga (hablame de fin de semana soñado), de Severance, de libros y, en un momento, salió el tema de las series y novelas de terror o suspenso. Así es como llegamos a un cuento de Horacio Quiroga llamado “El almohadón de plumas”. Todos lo habían leído, menos yo. Tenía solo tres páginas y todos decían que te daba un miedo brutal. Algunos decían que les había costado volver a dormir, incluso.

Soy más bien reticente a los relatos de terror. No suelo asustarme demasiado con las películas o series, descontando esas situaciones que los yankees llaman jump scares (saltos de miedo), que son esos momentos durante las producciones que hay un sonido estridente que nos hace saltar de la silla. Pero todos estaban de acuerdo en que el cuento de Quiroga era muy bueno y, al ser tan cortito, esta semana terminé leyéndolo.

Antes que nada, es mejor de lo que imaginaba. Sobre todo por cómo el autor te acompaña en el relato. Primero nos presenta una situación donde nos lleva a pensar que la aparición de un fantasma o un ente del estilo es inminente, pero nada es lo que parece.

“El almohadón de plumas”, que fue publicado originalmente en un diario en 1905 y que más tarde formó parte del libro Cuentos de amor, de locura y de muerte, tiene dos tonos. El primero es apacible, donde se describe la relación de la pareja, su hogar, el amor que se tienen. Pero hacia el final tiene una intensidad inmensa. Va de 0 a 100 en solo unas líneas.

Y lo que me parece más interesante, sin spoilear demasiado, es que lo que nos aterra no es un fantasma, sino la potencialidad de realidad que tiene el relato.

No voy a decir más, porque no quiero cagártelo. Si querés, lo podés leer acá completo.

4. Los consejos de escritura de Salinger

J.D. Salinger es de mis autores preferidos. The Catcher in The Rye, probablemente la novela más importante del género coming of age, me acompañó durante mucho tiempo y es, creo, el único libro que leí más de una vez. Holden Caulfield, el protagonista de la obra, me cautivó profundamente. Su mirada del mundo, sus diálogos, el amor por su hermana, las aventuras y problemas que atraviesa en sus páginas, y su capacidad única de observación hicieron que me fanatizara.

Después de sus cuentos y novelas conocí a Salinger, leí la biografía que escribió David Shields, me enteré que hablaba con sus familiares de sus personajes como si fueran personas reales, como si les pasaran cosas todos los días, y también me fanaticé con él. Salinger era un tipo retraído, que odiaba a la prensa y le escapaba a las cámaras tanto que vivió la mayor parte de su vida “famosa” recluido en el medio del campo. Incluso para escribir era una persona que se “alejaba” de su familia. En su casa de Cornish, New Hampshire, tenía una especie de granero que utilizaba como oficina. Mientras estaba escribiendo, nadie podía entrar por absolutamente ningún motivo.

Esta semana no sé por qué me acordé de Salinger y me puse a googlearlo. Llegué a unos consejos de escritura que dio en una entrevista temprana, antes de que le agarrara la locura por la reclusión casi absoluta, y me pareció que podían interesarte.

La imaginación del lector:

No le cuento todo a mi lector. Siempre dejo algo a la imaginación. Analizo cada emoción cuidadosamente y luego la escribo en la menor cantidad de palabras posible. Les doy una pista, ahora depende de ellos sentir el resto.

Cómo escribía él:

El silencio absoluto no es imperativo, de hecho, a menudo trabajo con la radio encendida, pero debo estar solo. No puedo tener a nadie conmigo… incluso en la habitación de al lado.

Sobre la disciplina de escribir:

Escribir no es la respuesta a la oración de un hombre haragán, es trabajo, al igual que cualquier otra ocupación. No se convierte en realidad solo teniendo una buena idea en tu cabeza y escribiendo lo más rápido que puedas con una máquina de escribir. Lleva mucho trabajo.

Sobre la creación de sus personajes:

Nunca tomo a una persona real que conozco y escribo sobre ella. Si bien mis personajes son tipos definidos, por lo general son un rejunte de cuatro o cinco personas que conozco. Tengo que conocer bien a mi personaje antes de empezar y saber cómo actuaría en cada situación. Si estoy escribiendo sobre el juego de golf del Sr. Tidwinkle, también debo saber cómo actuaría si estuviera borracho, o en una cita, o en la bañera o en la cama, y todo debe ser muy real y ordinario. Así que debes escribir sobre las cosas que conoces mejor.

Sobre el amor por la escritura:

No pienses que no me gusta y solo estoy escribiendo por la gloria y el dinero. Si tuviera que escribir de esa manera, preferiría ser un vagabundo. Escribo porque quiero, como quiero y porque me gusta. Y me gusta la vida que llevo por ser escritor. Una vez probé un trabajo regular, lo mantuve durante un año y luego estaba seguro de que quería escribir. Odio la rutina.
QUOTE

"Me interesa la locura. Creo que es lo más grande de la raza humana, y lo más constante".

— William Saroyan

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POEMA DE LA SEMANA

 

El comité interviene

Le cuento a mi mamá
que me dieron el Nobel.

¿Otra vez?, me responde.
¿En qué categoría?

Es un jueguito al que jugamos
siempre. Yo hago de cuenta

que soy alguien importante.
Ella, que no está muerta.

– Andrea Cohen

Outro

Hola ser del bien que lee todo lo que escribo todos los domingos, ¿cómo estás?

Yo bien. Ahora bien. Es que esta semana tuve una noticia que me la bajó un poco, pero rápidamente y muy a mi pesar intenté cambiar la actitud y me puse a laburar en resolverlo. Todo va encaminado, creo. Ya te contaré.

Tenía ganas de ver algo de terror o suspenso, incluso siendo medio reacio al género, y googleando un poco terminé en Midnight Mass, una serie de Netflix que decidí verla porque la escribió y dirigió Mike Flanagan, que es el mismo que hizo dos series que me parecieron bastante buenas también del género: The Haunting of Hill House y The Haunting of Bly Manor, que me gustaron bastante, sobre todo la primera.

Viene, diría, bien para abajo. Me vi dos o tres episodios por ahora. Le voy a dar uno o dos más. Si no mejora, quizás la termine dejando. Hay demasiadas series buenas para perder el tiempo con cosas que no van. Como con los libros, digamos.

Yo estoy terminando de escribir esto el sábado a la noche, con frío y feliz porque llegó la época del año en la que muchos fines de semana pinta guardarse, quedarse calentito en casa mirando una película, una serie o jugando al lolcito. Ahora estoy en la parte lolcito, después seguro seguimos con Midnight Mass.

Bueno, no te molesto más y te dejo disfrutar de tu domingo. Como siempre te digo, hacer observando es gratis, pero no significa que sea barato. Si querés colaborar, podés hacerlo suscribiéndote, comprándome un cafecito o simplemente recomendando el newsletter en tus redes sociales.

Gracias por esta ahí,

Axel

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