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Por Axel Marazzi

1. Anthony Bourdain, el último punk

Quienes hayan consumido de alguna manera a Anthony Bourdain sabrán que, ante todo, era un anarquista. Un punk que nunca pasó esa etapa de “todo me chupa un huevo, hago lo que quiero y cuando quiero”. Pero esa personalidad dura, de reo, no le quitaba la posibilidad de ser brutalmente sensible y empático. Después de todo, siento que un poco todos los chefs, al menos los que son considerados artistas, lo son. Qué artista puede plasmar, crear y mostrar al mundo algo que lo interpele y afecte sin sensibilidad y empatía. La respuesta es obvia.

Lo que me parece más interesante de Bourdain no es solo lo que hizo en TV y lo que lo llevó a convertirse en una personalidad, sino cómo pensaba. Su forma de pensar y ser, un completo outsider que se manejaba por los márgenes del exceso, lo acercaban más a escritores, músicos o pintores que al mundo en el que creció profesionalmente, el de la cocina. Cuando pienso en Bourdain pienso más en artistas como Bukowski, Hunter Thompson o Keith Richards que en Ferran Adrià, Alain Ducasse o Gordon Ramsay. Incluso su cadencia al leer sus textos era la que muchas veces escuchamos en estos escritores que actuaban, impostaban e interpretaban lo que habían escrito.

Bourdain, que no solo tuvo problemas de consumo con la cocaína y la heroína, tenía la personalidad de alguien a quien no le interesaba el resultado de las cosas. Algo así como “si quiero hacer algo lo hago y si sale mal, al menos lo intenté”. Todos conocemos alguien así y si bien muchas veces esas personas pueden traernos problemas, también solemos envidiarlas porque van más relajados por la vida haciendo, justamente, lo que quieren: curioseando, preguntando, aprendiendo, paseando y observando todo lo que hay a su alrededor. Nada de qué arrepentirse porque se arriesgaron siempre que tuvieron la oportunidad. Para ellos el “qué hubiera pasado si…” no existe. Qué más envidiable que eso.

Bourdain, que recorrió el mundo varias veces, se fue encontrado a sí mismo en el camino. Porque la parte de comer comidas exóticas era para la popu, para la televisión, la parte que divertía a los que no entendían que la verdadera profundidad de ese show estaba en las preguntas, en las reflexiones y la mirada de su protagonista en la conexión con las personas que hacían esa comida. Cualquiera puede comer el corazón de una cobra, pero no cualquiera puede ver el mundo como lo veía Bourdain.

Al mismo tiempo era una persona atormentada, repleta de problemas existenciales, depresiva y que pensaba constantemente en su muerte. De alguna manera su trágico final –se suicidó ahorcándose en una habitación de un hotel de Francia–, si bien puso a millones muy tristes, no fue una sorpresa. Todos podíamos imaginar, a partir de sus textos, declaraciones y forma de pensar, que algún día ese sería el final que elegiría.

Todo esto es lo que está magníficamente contado en Roadrunner: A Film About Anthony Bourdain, un documental donde cuentan la vida del genio. La finalidad del film, que creo que logra completamente, es intentar explicar cómo un pibe que empezó lavando platos y pasó a ser cocinero de restaurantes medio pelo antes de convertirse en chef, se transformó en uno de los artistas más interesantes, complejos y admirados de su generación.

2. Feria de Editores

El sábado teníamos el plan de ir a la Feria de Editores. Me levanté super temprano porque tenía que hacer unas cosas de trabajo. El día estaba espléndido, así que me imaginé instantáneamente caminando por la feria rodeado de stands, libritos y sol, pero a las horas se largó a llover con todo. Pensé que mi plan se había frustrado pero, por suerte, la lluvia paró, el cielo se despejó y el sol volvió a asomar, así que cuando nos levantamos de la siesta encaramos para Almagro.

Llegamos y casi que instantáneamente nos dimos vuelta para irnos porque la cola que había para poder entrar tenía más de 100 metros. Pensé en colarme, no te voy a mentir, pero la voz de la razón de la pareja dijo que no, que vayamos a hacer la cola y que si avanzaba rápido nos quedábamos. Pasó eso.

En los últimos años me volví una persona un poco antisocial. Con el paso del tiempo las multitudes empezaron a molestarme, aunque no tanto como para dejar planes de lado. Sea como sea, que la Feria de Editores estuviera tan llena de gente y saber que esas personas son el motor que hace que tantas editoriales independientes puedan existir me puso increíblemente feliz.

Nos compramos unas cuantas cosas. El que más me interesa a mí es La muerte de Bunny Munro que es del guía espiritual de este newsletter: Nick Cave. Es lo primero que voy a leer de él además de las cosas que publica en The Red Hand Files. El chico que me lo vendió, de la editorial Malpaso, me dijo que tiene una onda muy cercana a Bukowski, así que lo más probable es que me termine encantando porque Hank es una de las personas que, de alguna manera, me introdujo a la literatura para adultos cuando dejé atrás las novelas de Harry Potter.

Te cuento algo que pasó. Esas coincidencias que son tan, pero tan, tan grandes que te hacen sentir que el universo tiene algunas cositas organizadas para sonreir con nosotros mientras nos movemos por el mundo.

Después de estar bastante tiempo hablando con las chicas del stand de la editorial Concreto, que editó entre otras cosas la novela Litio, de Malen Denis, que me recomendaron un montón, seguí mi camino cantando bajito “Puedo sentirlo”, la canción que David Lebón hizo con Julieta Venegas y me crucé, en ese mismo instante, a Julieta Venegas. La miro a los ojos, ella me mira, le digo “no puede ser, estoy cantando una canción tuya”, larga una risotada bien fuerte, sigue su camino, y yo el mío. Menos mal que salió el sol.

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3. Squid Game

Si sos de esas personas que pasa su tiempo en redes sociales probablemente te hayas cruzado con alguien que recomendó Squid Game, porque es la serie del momento. Tanto que desde Netflix dijeron que, de seguir así, se convertirá en el show más exitoso que tuvo la plataforma desde su nacimiento.

La serie se centra en un grupo de personas completamente desesperadas con inmensas deudas. Todos ellos son contactados por una extraña entidad que les propone una serie de juegos. Quien sea el ganador de esos juegos se llevará una suma de dinero inmensa. Quienes pierdan, morirán.

El show recuerda mucho a Hunger Games y Maze Runner, pero es una versión para adultos. No porque sea demasiado compleja, sino porque, como buen show asiático, no se guardan una gota de sangre. Además, las tramas de los personajes son un poco más profundas que en esos futuros distópicos de las sagas para adolescentes.

Lo comenté en Twitter durante la semana y lo mantengo: Squid Game tiene la profundidad de un charco, pero es increíblemente divertida. Si quieren ver esos shows que dejan un mensaje, que son inolvidables y que nos marcan, vayan por Breaking Bad, Mad Men, The Wire o The Sopranos, pero Squid Game es una serie que divierte mucho, que engancha, y eso me parece un montón.

4. Strange Beasts

Magali Barbé es una escritora y directora de cine inglesa que hizo varios cortos en su carrera que son muy interesantes, pero uno en particular logró interpelarme como pocas producciones lo hicieron en el último tiempo.

Se trata de Strange Beasts, que dura solo cinco minutos donde, usando recursos de los documentales y la publicidad, nos mete en la vida de un joven, Victor, su mascota y su hija.

La curiosidad es que la mascota del protagonista no es una mascota convencional, sino una virtual que ve a través de un lente de contacto tecnológico. Sería algo así como la super evolución de las smart glasses.

El corto, al durar tan, pero tan poco, se pone dark muy rápido. No voy a decir más nada para no spoilear, pero si tenés cinco minutos, los usaría para ver Strange Beasts. Seguro te va a tocar alguna fibra como lo hizo conmigo.

QUOTE

"El amor florece mejor en la franqueza y la libertad".

— Henry Adams, The Education of Henry Adams (1907)
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Canción para emborracharse

El vino entra por la boca
pero el amor, por los ojos:
es la verdad que nos toca.
Brindo por nuestros despojos:
me llevo el vaso a la boca
y suspiro con los ojos.

– William Butler Yeats

Outro

Hola, amiguite del bien, ¿cómo estás?

Yo super. Como te dije la edición anterior –y por suerte no hubo imprevistos que modificaran mis expectativas– esta semana fue bastante tranquila, así que llego a la próxima, que viene con fin de semana largo incluido, bastante relajado.

Estoy pensando en irme a algún lado para el fin de semana largo. Había pensado en Mendoza o Córdoba, pero no quería hacer toda la movida de tomarme un avión. Quería que estuviera a una distancia más para ir en auto. Pensé en la costa, aunque tengo miedo que la ruta sea un caos absoluto y estar 10 horas para hacer 400 kilómetros. En fin, veré. Espero no terminar colgando y quedándome en casa sin hacer nada, aunque el panorama de descansar muchos días sin tanto trabajo para hacer (nunca hay cero trabajo para hacer, incluso los fines de semana) no me resulta un panorama desalentador, sino todo lo contrario.

¡Esta semana me dieron la segunda dosis de la vacuna! No sabés la felicidad que me dio. Si bien sé que eso no significa el fin de la pandemia y que tenemos que seguir cuidándonos, lo sentí un poco de esa manera. Algo así como ver la luz al final del túnel después de tanto tiempo, tanto miedo y tanta preocupación por mis seres queridos, sobre todo los más grandes.

Con Maca empezamos Brooklyn Nine-Nine, comedia que hizo Michael Schur, el mismo creador de –arrodillaos, por favor– The Office, y Parks & Recreation. Vimos solo dos episodios, pero me sacó un par de carcajadas fuertes. Siento que la curva de encariñamiento con los personajes, que en The Office toma bastante, en esta no va a ser tan así. Van más al grano y te cuentan detalles personales de la vida de los protagonistas que te permiten empatizar mucho más rápidamente. Ya te contaré qué me pareció cuando la termine.

El documental de Anthony Bourdain me emocionó bastante y me recordó el cariño que le tengo. Rápidamente fui a leer las reseñas de sus libros y ver cuál me convencía más. La mayoría decía que hay que empezar por Kitchen Confidential, que fue el que lo llevó a la fama, pero decidí arrancar por Medium Raw. Me atrajo más saber que lo escribió después de haberse hecho famoso. Quería saber qué pensaba de todo eso, cómo lo cambió, lo que aprendió y vivir con él, de alguna manera, esas experiencias.

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Ahora sí. Te dejo para que disfrutes de tu domingo.

Un abrazo gigante,

Axel

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