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Por Axel Marazzi

1. Espuma, notas de María Luque

Esta semana terminé un librito de María Luque. Digo “librito” no porque sea cortito, que lo es, sino porque siento que lo describe con mucho más cariño que decirle solo “libro”. Y este libro está repleto de esa ternura que caracteriza de alguna manera a María.

El título describe perfectamente la publicación, al menos la segunda parte “notas de María Luque”. Espuma son anotaciones que la artista fue haciendo durante diferentes situaciones de su vida cotidiana. Cuando fue a tomar un café a Varela Varelita, cuando salió a comer milanesas, cuando escuchó una conversación en la mesa de enfrente, cuando su padre la felicitó porque había visto un dibujo de ella que tenía perspectiva. Todo con esa letra desarmada y preciosa que tiene la artista y esos bocetos de dibujo hechos rápidamente entre mesas de restaurantes o salas de espera.

Pueden ser reflexiones profundas, introspectivas o que demuestran un sentimiento, como “no se me ocurre nada más triste que googlear ‘cómo calcular polenta para uno’”, o líneas que pueden haber sido tranquilamente un tuit, como “pensé que llovía pero era el ruido de la hamburguesa en la plancha” o “¿primero se pone la bufanda o los auriculares?”.

Es un librito precioso que nos deja entrever cómo piensa una de las ilustradoras más interesantes de la actualidad.

2. ¿De qué me arrepiento?

George Saunders es un autor que, si bien ya era reconocido antes, saltó al mainstream por su libro Lincoln in the Bardo, su primera novela ya que hasta ese momento había publicado, sobre todo, cuentos o relatos. El autor fue a dar uno de esos discursos que suelen darle a los egresados de las universidades en Estados Unidos y una parte de lo que dijo me parece una joya absoluta.

Bien, una cosa útil que puedes pedirle a una persona mayor, además de dinero; o de decirle que haga uno de esos viejos bailes de su época, para que ustedes puedan verlos y burlarse de ellos; es preguntar: "Mirando hacia atrás ¿de qué te arrepentís?". Y ellos te lo dirán. A veces, como ya sabés, te lo van a decir aunque no lo pidas. Otras, incluso cuando les pidas específicamente que no te lo cuenten, ellos te lo dirán igual.
Entonces, ¿de qué me arrepiento? ¿De ser pobre de vez en cuando? No. ¿De realizar trabajos terribles, como ser extractor de pezuñas en un matadero? (ni siquiera pregunten lo que eso requiere) No, no me arrepiento de eso. ¿Lamento la humillación que de vez en cuando sufrí? No. Ni siquiera eso lamento.
Acá contaré algo de lo que me arrepiento:
En séptimo grado, una chica nueva se unió a nuestra clase. En aras de la confidencialidad, su nombre en este discurso será "Ellen". Ellen era pequeña y tímida. Llevaba esas gafas azules de ojo de gato que, en esa época, solo usaban las ancianas. Cuando estaba nerviosa, que era casi siempre, tenía la costumbre de meterse un mechón de pelo en la boca y masticarlo.
Así que ella vino a nuestra escuela, a nuestro vecindario, y principalmente fue ignorada, aunque en ocasiones, también fue objeto de burlas ('¿es rico el pelo?' y ese tipo de cosas). Pude ver que esto le dolía. Todavía recuerdo la forma en que se veía después de un insulto: los ojos bajos y el estómago hundido como si hubiera recibido una patada. Le habían recordado cual era su lugar en el mundo. Ella intentaba en lo posible desaparecer. Después de un tiempo, con el mechón de pelo todavía en la boca, ella se distanció. Me imaginaba cómo en su casa, después de la escuela, su madre le diría: "¿Qué tal tu día, cariño?" y ella le respondería "estuvo bien". "¿Hiciste algunos amigos?" y ella "claro, un montón".
A veces la vi jugando sola en el patio que estaba en la parte delantera de su casa, como si tuviera miedo de dejarlo.
Y entonces, se mudaron. Eso fue todo. Ninguna tragedia, ninguna joda muy dramática.
Un día ella estaba ahí. Al día siguiente, no.
Fin de la historia.
Ahora, ¿por qué me arrepiento de eso? ¿Por qué cuarenta y dos años más tarde sigo pensando en ello? En comparación con la mayoría de los otros niños, yo fui realmente amable con ella. Nunca le dije una palabra poco cortés. De hecho, a veces incluso, débilmente, la defendí.
Pero aún me molesta.
He aquí algo que sé que es verdad, aunque un poco cursi, y no sé muy bien qué hacer al respecto:
De lo que más me arrepiento en mi vida es de la falta de bondad.
De esos momentos en que otro ser humano estaba allí, delante mío, sufriendo, y yo respondí con sensatez. Tímidamente. Levemente.
O, miremos desde el otro lado del telescopio, en tu vida ¿a quién recordas con más cariño, con los sentimientos más innegables de calidez?
Apuesto que aquellos que fueron más amables con vos.
Es un poco simplista, quizás, y sin duda, difícil de aplicar. Pero yo diría que, deberías, como una meta en la vida, tratar de ser más amable.
Resulta que la bondad es fuerte. Ella da origen a todos los arcoiris y a todos los cachorritos, y se expande para incluir, bueno, a todo lo demás.

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3. Serendipia, de Soy Rada

El fin de semana abrimos un vino, pedimos unas empanadas y cuando llegaron nos dimos cuenta que no habíamos buscado nada para ver mientras cenábamos con Maca y Coty, su hermana.

Una serie no podíamos ver porque cada uno ve las propias y, si compartíamos shows, estábamos en episodios diferentes. Una película no queríamos porque teníamos ganas de poder charlar un poco mientras comíamos. Queríamos algo para prestarle atención, pero que no requiriera que pausáramos cada vez que quisiéramos hablar sobre algo, así que con eso en mente decidimos ir por Serendipia, el nuevo especial que hizo Agustín Aristarán, más conocido como Soy Rada, para Netflix.

Tardamos unos cinco minutos en que Rada nos chupara por completo y ocupara nuestra completa atención porque el especial, que mezcla stand up, música y hasta un show de magia. Todo es atravesado por experiencias de la vida del autor mezcladas con ficción. Cómo pidió una bicicleta para Navidad y le regalaron un set de magia, cómo tuvo una inesperada hija que cambió por completo sus planes, su vida en Bahía Blanca, su papá pidiéndole marihuana, cuando tuvo que ir al médico porque tenía un testículo del tamaño de una mandarina, un exorcismo y un montón de escenas que nos hicieron estallar de risa y disfrutar absolutamente de la hora que dura el show.

Es muy interesante el comienzo de Serendipia donde Rada habla de la soledad. “¿Qué es la soledad para los artistas?”, se pregunta. “Esto”, contesta, para darle lugar a la cámara a que enfoque uno de los teatros más importantes de la Argentina completamente vacío porque, claro, fue filmado durante la pandemia.

4. El Federal

Esta semana fui a uno de esos restaurantes que son míticos en la Ciudad de Buenos Aires: El Federal. Hacía años que tenía el plan de ir, pero por un motivo u otro nunca me había terminado de decidir en ir a este notable. Obviamente, no defraudó.

Fui por una picada y le agregamos una tortilla babé que es una de las especialidades de la casa y no quería irme sin probarla.

Una lástima no haber podido comer adentro pues pandemia, porque una de las cosas más lindas que tiene el lugar es que al estar hace tantas décadas la decoración es como meterse en una máquina del tiempo. Pude ver un poco cuando fui al baño. El segundo piso parece directamente un museo. Tienen máquinas o objetos que son reliquias. Queda la tarea de volver cuando sea más seguro comer en el interior y poder disfrutarlo de una manera diferente.

Hacía años que no iba a San Telmo. Cada vez que vuelvo a esos barrios preciosos de Buenos Aires a los que no se suele ir muy seguido, como La Boca o, justamente, San Telmo, me digo a mí mismo que tengo que volver más seguido. Esas calles chiquitas repleta de bares, locales de venta de antigüedades y extranjeros, aunque pocos porque, again, pandemia, son una de las cosas que hacen a la Ciudad de Buenos Aires tan preciosa.

QUOTE

"Son nuestras decisiones lo que demuestra quiénes somos realmente, mucho más que nuestras habilidades".

— Albus Dumbledore, Harry Potter

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– rupi kaur, the sun and her flowers

Outro

Hola, observanditer (?) del bien, ¿cómo estás? Yo bien.

Esta semana se movió sin tantos sobresaltos, que es una de mis ideas de tranquilidad y, por ende, felicidad.

Mañana sale un nuevo episodio del podcast de CUR!OUS que siento que te puede interesar. Trata sobre criptoarte y hablamos con una de las personas que más admiro y de quien tengo la suerte de ser amigo: Tomás García. Si no lo conocés, acá podés ver todo lo relacionado a las obras artísticas que está haciendo. Son de otro nivel.

En el episodio hablamos sobre los non-fungible token, que quizás conozcas como NFT. Nacieron hace años, pero en los últimos meses tomaron una importancia zarpada porque una obra digital se vendió por casi 70 millones de dólares dándole lugar a que artistas digitales de todo el mundo que antes quizás tenían que hacer guita a través de la publicidad o del diseño pudieran dedicarse de lleno a su forma de arte.

Te cuento algo que me puso contento, pero que es una absoluta boludez que probablemente ni siquiera vayas a entender mucho a no ser que juegues al League of Legends. Subí de categoría a plata. El LoL tiene algo así como rankings. Mientras más partidas ganás, más subís en ese ranking. Viene hierro, bronce, plata, oro, platino, diamante, master, grand master y challenger. Estoy casi rascando el tarro, pero bueno, haber llegado ahí significa que mejoré un poco y eso me alcanza para estar contento. Cuando gané la partida que me hizo subir de categoría lo festejé como el gol de Messi de tiro libre contra Chile. ¿Me da un poco de pudor contarlo? Puede ser, pero es lo que hay, amiguite.

Si querés ayudarme de alguna manera podés aportar mensualmente a observando. Podés hacerlo por menos de lo que sale una cerveza en cualquier bar o podés comprarme un cafecito. Si no te pinta ninguna de las dos, también podés ayudarme sin gastar un peso: solo tenés que recomendar observando en tus redes sociales. La idea es llegar a la máxima cantidad de gente posible y sabemos que el boca en boca es de las mejores formas de lograrlo.

En fin, te dejo para que disfrutes de tu domingo y si sos padre, feliz día.

Te mando un abrazo gigante,

Axel

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