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Por Axel Marazzi

1. Veneno

Hay algunos libros, series, películas que son necesarias. Necesarias porque nos permiten entender cosas que de otra manera nunca entenderíamos. Nos permiten, de alguna manera, ponernos en el lugar del otro y eso, después de todo, es lo que genera este concepto que tan de moda se puso en los últimos tiempos: empatía.

Es lo que sucede con Veneno, el show que cuenta la historia de Cristina Ortiz Rodríguez, una de las primeras mujeres en visibilizar el colectivo transexual en España que llegó a los medios y se convirtió en una celebridad.

Veneno es una biopic que está basada en la obra ¡Digo! Ni puta, ni santa. Las memorias de La Veneno, escrita por la periodista y escritora Valeria Vegas. Y desde la perspectiva de la periodista es desde donde justamente se observa todo.

El show transcurre entre el pasado y el presente. Se va al pasado cuando La Veneno le cuenta su historia a Valeria y se mantiene en el presente no solo para revivir cómo trabajaron en ese libro, sino también para contar por la transición de Valeria, que es apoyada no solo por La Veneno, sino también por su grupo de amigas que, con años de experiencia, de haber sufrido, de haberse tenido que prostituir porque era la única manera de conseguir dinero que tenían, saben muy bien los complejos momentos que está viviendo la periodista.

El show fue hecho por los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrossi), quienes se hicieron famosos por haber creado la increíble serie Paquita Salas. Medio que son garantía de confianza. En general la mirada de los Javis es no solo profunda sino que siempre tocan temas que generan polémica –aunque no deberían– en prácticamente todo el mundo.

Veneno nos muestra un mundo desconocido para muchos. Nos abre a un sufrimiento que solo sintieron aquellos que pasaron por lo que pasó La Veneno y sus amigas y por ese motivo es tan interesante. Porque nos muestra una perspectiva completamente desconocida. Nos ilumina el camino.

2. Gran Dabbang

Ayer, almorzando con un amigo mientras tomábamos unas cervezas, le conté la experiencia de haber ido al Gran Dabbang y me di cuenta que nunca lo conté acá, en observando.

Conocí el lugar porque forma parte de la lista de los mejores 50 restaurantes de América Latina (está en el puesto 34) y como estaba muy cerca de casa y me habían dicho que no costaba la fortuna que suelen costar los restaurantes que están en esa lista, decidí ir, incluso cuando sé que no soy un amante de la comida asiática.

Empezamos por la entrada: pan de mandioca y queso de cabra, chutney de tomate y amapola, huacatay y pickle de cebolla. En castellano se podría describir como un chipá con chutney y cebolla. Es tan simple, no solo a la vista sino en su descripción, que nunca imaginé que me iba a volar tanto la cabeza. Fue uno de los platos que comí en mi vida que más disfruté. Fue una sorpresa absoluta la explosión de sabores que se da en la boca.

Y después compartimos dos platos: un curry de cordero, mandarina y especias negras, y un matambre de cerdo con ketchup de chilto picante acompañado de papaya. Lo bajamos con un vino natural blanco de la finca La Rosendo que estaba también increíble.

El curry estuvo bien. Creo que no hay nada en la carta de Gran Dabbang que no sea exquisito, pero fue el que menos me gustó de los tres. El matambre pensé que no me iba a encantar porque no soy fanático de los platos agridulces y sentía que la papaya no iba a pegar demasiado. Pobre de mí. No logró superar a la entrada, pero por favor, lo quiero siempre en mi equipo. Además viene acompañado de unas hojas de lechuga para armarte tipo taquitos con la papaya, el matambre y el ketchup que hacen una combinación increíble.

No es el lugar más barato del mundo, pero sí uno de los mejores restaurantes del país y una visita absolutamente obligada.

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3. Un Mundo Maravilloso

Ya lo dije un montón de veces, pero pinta repetirlo: no soy tanto de los podcasts en general a no ser que sean de entrevistas. Pero –siempre hay un pero– en la semana empecé a escuchar Un Mundo Maravilloso, el programa diario que hacen Martín Garabal, Charo López, Alexis Moyano y Adrián Lakerman con episodios de alrededor de los 10 minutos y que tiene como eje el humor absurdo. Culos que hablan y no quieren volver a cerrarse, aspiradoras robot que aspiraron la mierda del perro de la casa y la desparramaron por todo el hogar, un pibe que tiene una conversación erótica a través del portero con alguien que pasa por su casa pidiendo ropa.

Nunca hubiera imaginado que iba a disfrutar tanto, divertirme tanto y reirme tanto como lo hice con Un Mundo Maravilloso y no puedo creer la capacidad de estos cuatro grosos para, todos los días, pensar algo para hacer reír a su audiencia con un nivel de producción tan elevado.

Es un producto tan bueno, tan potente y tan divertido que pelea con las grandes producciones que solo vemos venir de Estados Unidos. Una joya absoluta.

4. Army of Thieves

Tengo un guilty pleasure y son las películas de robos. Ocean’s Eleven, Point Break, El robo el siglo, Now You See Me, Baby Driver, The Bling Ring. Me gustan todas, hasta las que son malísimas –como The Bling Ring, de hecho–. Quizás tiene que ver con el sueño que tenemos todos de ponernos una máscara, meternos en un banco con una itaca, disparar al techo, pedir que nos llenen los bolsos de dinero e irnos sin lastimar a nadie haciendo millones en cuestión de minutos. Total, si no lastimas a nadie robar un banco es un crimen sin víctimas más allá del capitalismo. Oh, pobre capitalismo.

Y esta semana me enteré que había salido Army of Thieves, una precuela de Army of the Dead, película que dirigió Zack Snyder y que fue su gran vuelta al mundo de los zombies desde Dawn of the Dead, la remake que hizo en 2004 del film de George Romero.

Si bien en Army of the Dead el protagonismo se lo llevan los muertos vivos dejando el asalto a una bóveda de Las Vegas en segundo plano, en Army of Thieves no es así. En el nuevo film, que transcurre en diferentes locaciones de Europa, los zombies se tratan solo de un problema de Estados Unidos, que es donde empezó el brote, y quien toma protagonismo son una serie de cajas fuertes creadas por Hans Wagner que, justamente, son las que intentarán abrir el grupo de ladrones.

Si te gustan las películas de robos, es un gol, y si no sos fan como yo, también es un buen film para ver porque es gracioso, entretenido y donde la actuación tanto de Matthias Schweighöfer y Nathalie Emmanuel, los dos protagonistas, es genial.

QUOTE

"Si tuviera que volver a vivir mi vida, tendría la regla de leer algo de poesía y escuchar algo de música al menos una vez a la semana".

— Charles Darwin, La autobiografía de Charles Darwin

Otros enlaces

  1. Las peores portadas de discos de la historia.
  2. País por país, los libros más traducidos del mundo. En Argentina es El Aleph, en Uruguay Las Venas Abiertas de América Latina, en Brasil El Alquimista.
  3. Le preguntaron a 1785 filósofos en qué están pensando y estos fueron los resultados.
  4. Mi querida Coty me compartió dos cuentas de Instagram que son un amor: gatitos y perritos capturados con cámaras analógicas.
  5. Hay pibitos influencers de…excel. Qué querés que te diga.
  6. Todos pensábamos que el avance de la tecnología nos daría más tiempo de ocio. Bueno, no es así. “Para muchos filósofos, psicólogos e investigadores, la creencia de que las máquinas surgieron para liberarnos del agobio del tiempo es una falsa promesa que conviene desterrar”, reza este artículo.
  7. Un hilo de Twitter con disfraces de Halloween. Quedó viejo, pero divierte igual.
  8. El Museo de las falsificaciones vendió un original de Andy Warhol y 999 copias idénticas creadas por robots, haciendo fortuna en el proceso.
  9. Grandes piezas de la música clásica que aparecieron en viejos dibujos animados.
  10. Lit Killah hizo una live performance en el techo de un edificio donde tocó cuatro temas que está espectacular y Zoe Gotusso colaboró en las Gallery Session.
POEMA DE LA SEMANA

 

Tres cosas que conviene recordar

Mientras bailes
podés romper las reglas.

Algunas veces romper las reglas
es ampliar las reglas.

Otras veces no hay reglas.

– Mary Oliver

Outro

Hola, ser del bien, ¿cómo estás? Yo bien, descansado. Pensé que esta semana iba a ser abrumadora por la cantidad de cosas que tenía que hacer, pero al final no fue para tanto y fui tildando tareas de la lista de cosas para hacer como un campeón absoluto.

Siento que no te escribo hace una eternidad. Sé que fue solo una semana, pero estoy tan acostumbrado a la rutina de hacer observando que cuando no lo hago siento que me falta algo. ¿Se terminará algún día? No es algo que tengo estipulado, sino una pregunta sincera. ¿Habrá algún momento en el que me canse, que sienta que no me aporta ni a mí ni a los demás, y decida cortarlo? Supongo que, como con todo, el tiempo dirá.

¿Viste que te dije que había arrancado el Mundial de Escritura que organiza Santiago Llach? Bueno, resulta que me encantó. Había que escribir un texto de lunes a sábado que tuviera mínimo 3.000 caracteres bajo una temática que te daban los organizadores del Mundial. Todas, de alguna manera, estuvieron relacionadas a los espacios que habitamos: las playas que visitamos a lo largo de nuestra vida, las camas, los no lugares (esas estaciones de servicio que están en la ruta, aeropuertos, estaciones de buses, etc.), un lugar ficcional, un país. Si bien no todos los textos que escribí me parecieron intersantes, alguno que otro disparó una idea, una línea, un relato que me gustó y, al releerlos, disfruté.

Estuve pensando en publicarlos acá. Uno por edición. No estoy seguro. La verdad es que lo único que me frena es la vergüenza. Estoy extremadamente acostumbrado a escribir, pero estoy acostumbrado a escribir no ficción. Artículos periodísticos, notas de opinión, recomendaciones como las que hago acá, pero, si bien tengo textos guardados en las profundidades de Google Docs que son ficción, nunca los publiqué en ningún lugar y solo unos pocos ojos los vieron. No sé, quizás muerda la vergüenza y los vaya subiendo. Quizás eso me de fuerza para escribir nuevos y, con suerte, mejores cosas. ¿Vos qué pensás? ¿Los publico?

Esta semana conocí al abuelo de Maca, la chica con la que estoy hace ya más de un año. Hablamos un montón, pero hubo algo que no me aguanté y hasta lo tuve que tuitear. Mientras le comentaba que yo era periodista, que cubro en general temas relacionados a la tecnología, él me comentó que usa computadora y celular y que tiene una profesora de cocina que se llama Paulina Cocina que ve a través de YouTube. Tiene 89 años. Estamos viviendo una época hermosa.

En fin, me voy retirando. No sin antes recordarte que recibir observando es gratuito, pero no significa que sea barato. Por eso hace tiempo le di la posibilidad a los lectores de aportar. Podés hacerlo mensualmente, podés comprarme un cafecito o no poner guita pero aportar un tuit, una story en Instagram o comentar lo bueno que está el newsletter (si no pensás eso mentí, no cuesta tanto) en las despedidas de fin de año que ya se acercan.

Te mando un abrazo gigante,

Axel

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