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Por Axel Marazzi

1. Seda, de Alessandro Baricco

La semana pasada te conté que había pedido recomendaciones de libros cortos en Twitter y que las respuestas se desmadraron. Entre las más de 500 hubo muchas que me habían recomendado Seda, una novela muy cortita, de poco más de 120 páginas con capítulos que, como mucho, tienen dos hojas. Me resultó extraño que tantas personas me lo recomendaran porque no lo tenía en absoluto en mi radar. Estoy lejos de considerarme una persona que sepa de literatura, pero al menos conozco los nombres de las publicaciones que son, por decirles de alguna manera, famosas.

Y como tantas personas me lo recomendaron fui a una librería que queda muy cerca de casa, Mendel, y lo compré. Seda, que editó Anagrama, es una historia de amor de un hombre que viaja a Japón a buscar gusanos de seda para abastecer a todas las hilanderías que hay en Lavilledieu, un pueblo muy pequeño que se encuentra al sur de Francia.

Hervé Joncour, el protagonista de esta obra, viaja una y otra vez desde Lavilledieu a una aldea escondida de Japón donde se venden los mejores huevos de este gusano tan preciado. Una y otra vez viaja hasta que en uno de esos viajes conoce a una misteriosa mujer de la que se enamora y obsesiona profundamente. En el medio de esos sentimientos transcurre este pequeño libro que está impregnado de una melancolía y paz increíblemente profunda.

Pero como dijo el mismo Baricco en una de las tantas entrevistas en las que habló de esta pequeña novela, no solo se trata de una historia de amor, sino también se trata de una historia de dolor, de los sentimientos que muchas veces acompañan al amor.

Esta novela está escrita con la paz que se vive en la villa de Japón que Hervé Joncour visita una y otra vez. Una de las reseñas que leí de la novela es que se trata de una novela para contemplar de la misma manera en la que Hervé contempla, hacia el final, un lago sin nombre en una tarde de viento. Y es cierto.

2. Connected

Hernán Cattaneo es por mucho el DJ más importante de la Argentina, sino también uno de los más importantes que tiene el progressive, el estilo de música electrónica que toca. Cattaneo protagonizó muchísimos momentos importantes para la historia de la electrónica, pero uno de los más relevantes de su carrera fue el 22 de febrero de 2018, cuando llevó uno de sus live sets al Teatro Colón. Lo zarpado no fue solo que hizo un set electrónico en uno de los teatros con más historia de Latinoamérica, sino que ese live set lo hizo acompañado de una sinfónica.

Lo mejor es que como mucha gente en el Colón se quedó afuera, Hernán también hizo un show al aire libre en los bosques de Palermo para que quien quisiera pudiera disfrutarlo. Fueron 40.000 personas. Tranqui.

Fue tan relevante que Netflix no se quiso quedar afuera y dejó todo plasmado en Connected, un documental en el que se puede ver todo el proceso que tuvieron que llevar adelante para poder terminar, sobre todo, logrando que el set se sincronizara correctamente con la sinfónica.

Ya se sabe que Cattaneo es un detallista brutal, pero es interesante ver el nivel que maneja y todas las cosas que tuvo que tener en cuenta para que el set que hizo en el Colón saliera tan bien. Es un documental cortito, de solo 45 minutos, pero que presenta a uno de los exponentes de la música argentina en todo el mundo. Incluso si no te gusta la música electrónica, Connected es espectacular. Va mucho más allá de un estilo.

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3. La importancia de la creatividad

Ethan Hawke siempre me pareció una persona muy interesante. No sabía por qué porque, la verdad, nunca lo consumí más allá de sus películas. Pero en general me siento atraído por esas personas que hacen tan bien su trabajo y que se apasionan tanto con él. Y esta semana me quedé con la boca por el piso gracias a una charla TED que me pasó Brenda, una lectora de observando, donde Hawke habla sobre la creatividad como motor para salvar al mundo.

Podés verla completa en YouTube o podés leerla a continuación. No tiene desperdicio:

Hoy quiero hablar de la creatividad. Hay mucha gente que no se permite ser creativa. Y con razón, pues, de alguna manera, todos desconfiamos de nuestro propio talento. Recuerdo una anécdota que me dejó una marca importante, cuando tenía apenas unos veintitantos.
Me encantaba Allen Ginsberg, su poesía, las entrevistas que daba. Y una vez William F. Buckley, en su programa de televisión llamado "Firing Line", recibió a Ginsberg, quien entonó un canto de Hare Krishna acompañándose con su armonio. Cuando regresó a Nueva York, sus pares intelectuales le dijeron: "¿No ves que has hecho el ridículo? Eres el hazmerreír del país entero". Y él les contestó: "Ese es mi trabajo. Soy poeta, y me hago el tonto. La mayoría de la gente trabaja todo el día, y cuando regresa a su casa discute con su pareja. Comen, encienden la caja boba, y allí alguien trata de venderles algo. Justamente, yo decidí acabar con eso, y me puse a cantar sobre Krishna. Y cuando se van a la cama, dicen: '¿Qué clase de poeta es este tonto?', y no se pueden dormir. ¿Entienden?". Ese es su trabajo como poeta.
Me pareció sumamente liberador, porque creo que, en general, queremos ofrecerle al mundo algo de calidad, algo que los demás juzguen como bueno, o importante. Pero, en realidad, ese es el enemigo, porque no es decisión nuestra determinar si lo que hacemos es bueno. Y, si algo nos ha enseñado la historia, es que el mundo es un crítico muy poco fiable. En definitiva, es preciso que nos preguntemos:
¿Es importante la creatividad humana? Pues bien… En general, nadie piensa en la poesía. La gente hace su vida y nadie anda pensando en los poemas de Allen Ginsberg, ni de ningún otro poeta, hasta que nuestro padre muere, vamos a un funeral, perdemos un hijo o tenemos una ruptura sentimental y perdemos un amor. De pronto, nos desesperamos por tratar de darle sentido a la vida, y pensamos: "¿Alguien más se habrá sentido así de mal?" y "¿Cómo hicieron para salir adelante?".
O al revés: nos ocurrió algo maravilloso. Conocemos a alguien y nos explota el corazón. Sentimos un amor tan grande que no vemos con claridad. Nos sentimos mareados. "¿Alguien se ha sentido así alguna vez? ¿Qué me está pasando?". Y allí es cuando el arte no es un lujo, sino un soporte vital. Lo necesitamos.
Ahora bien, ¿qué es? La creatividad humana es la manifestación de la naturaleza en nosotros. Por ejemplo… consideremos la aurora boreal. Cuando era joven, protagonicé la película "Colmillo blanco", rodada en Alaska. De noche, el cielo se pintaba de ondas violetas, rosadas y blancas. Es el espectáculo más bello que vi en mi vida. Era como si el cielo se hubiera puesto a jugar; bellísimo. El amanecer en el Gran Cañón también es bellísimo. Lo sabemos muy bien, pero ¿enamorarse? Tenemos una pareja hermosa. Yo tengo cuatro hijos, y cuando los veo jugar, cuando juegan a ser una mariposa, corren por la casa, o cualquier cosa que hagan, es bellísimo.
A mi modo de ver, estamos aquí y ahora, en este lugar del universo, para ayudarnos unos a otros. Primero, tenemos que sobrevivir, y luego desarrollarnos. Y para desarrollarnos, para expresarnos, tenemos que conocernos, saber qué es lo que nos gusta. Y si sabemos qué nos gusta, sabremos quiénes somos, y de allí se expandirá.
En mi caso, fue realmente fácil. Hice mi debut profesional en el teatro a los 12 años. La obra era "Santa Juana", de George Bernard Shaw en el Teatro McCarter, y ¡bum!, me enamoré. Mi mundo se expandió. Ahora, a mis casi 50 años, esa profesión nunca ha dejado de darme satisfacciones, y lo hace cada vez más, especialmente, y por extraño que parezca, a través de los personajes que he interpretado.
He encarnado a policías, delincuentes, sacerdotes, pecadores. Y en mis 30 años de vida transcurridos en esta profesión, la magia es que uno empieza a ver que las experiencias, las mías, las de Ethan, no son tan únicas como yo pensaba. De hecho, tengo mucho en común con estas personas. Es decir que ellas tienen mucho en común conmigo. Esto demuestra cuán conectados estamos entre nosotros.
Mi bisabuela, Della Hall Walker Green, en su lecho de muerte, escribió una breve biografía estando en el hospital. Eran apenas unas 36 páginas en total, pero dedicó cinco páginas a contar una ocasión en que hizo el vestuario para una obra de teatro. A su primer marido le dedicó un párrafo. A la cosecha de algodón, que fue su tarea durante 50 años, se refirió fugazmente. Pero le dedicó cinco páginas al tema del vestuario. Recuerdo que mi madre me dio una manta hecha por mi bisabuela, y al tacto se notaba que ella se expresaba en esa manta. Se sentía un poder real.
En una ocasión, fui a ver "Top Gun" con mi hermano, –no recuerdo en qué año– y cuando salimos del centro comercial hacía un calor agobiante. De pronto lo miré e inmediatamente sentimos que esa película era como un llamado de Dios. Realmente lo vivimos así, pero cada uno a su manera. Yo quería ser actor, quería llegar a la gente, conmover, ser parte de eso. Y él quería ser militar. Siempre jugábamos al FBI, a los soldados, a los caballeros. Me encantaba empuñar la espada. Y él construía ballestas para disparar flechas contra los árboles. Al final, se unió al ejército, y ahora se ha retirado como coronel de los Boinas Verdes. Es veterano de guerra de Afganistán e Iraq, varias veces condecorado. Hoy es instructor en campamentos para hijos de los soldados caídos. Dedicó su vida a esta pasión. Su creatividad fue el deseo de guiar a otros, su valentía para ayudar a otros. Para él fue un llamado, y tuvo su retribución.
Sabemos muy bien que la vida es muy corta, pero ¿estamos haciendo lo que realmente queremos? La mayoría no lo hacemos. Es duro admitirlo. La fuerza de la costumbre es inmensa. Justamente por eso los niños son hermosamente creativos: porque no tienen hábitos. Y nos les importa si lo hacen bien o mal. No se ponen a construir un castillo de arena diciendo: "Voy a ser un excelente constructor de castillos". Simplemente se entregan a cualquier proyecto que se les presenta: bailar, pintar, construir lo que sea. Aprovechan cualquier oportunidad para expresarte su individualidad. Es realmente hermoso.
Hay algo que a veces me preocupa cuando hablamos de creatividad, porque puede impresionarnos como algo meramente estético, cálido, o agradable. Pero no es solo eso. Es vital. Es la manera en que nos sanamos entre nosotros. Cuando cantamos nuestra canción, cuando contamos nuestra historia, cuando pedimos a otro que nos escuche y a su vez lo escuchamos, establecemos un diálogo, y allí comienza un proceso de sanación. Salimos de nuestro rincón y empezamos a ver que compartimos los mismos rasgos humanos con otros, y lo corroboramos. A partir de ese momento, ocurren cosas muy buenas.
En definitiva, si queremos ayudar a nuestra comunidad, a nuestra familia y a nuestros amigos, tenemos que expresarnos. Y para poder expresarnos, primero debemos conocernos. Es sumamente sencillo. Tan solo hay que seguir nuestra pasión. No existe un camino. No existe un camino hasta que lo transitamos. Y debemos estar dispuestos a hacernos los tontos. No leamos el libro que tenemos que leer. Leamos el libro que queremos leer. No escuchemos la música que nos gustaba en otro momento. Escuchemos música nueva. Tomémonos el tiempo para hablar con quien no solemos hablar. Garantizo que, si lo hacemos, nos sentiremos tontos. Ahí está la clave: háganse los tontos.

4. Pain et vin

Hace unos días fui por primera vez en mi vida a un bar de vinos. A decir verdad, no sabía ni que existían, pero es obvio que existían. De hecho al que terminé yendo después de una googleada fuerte, Pain et vin, abrió hace casi diez años. El lugar, que está en el centro de Palermo Soho, es un sitio espectacularmente ameno ideal para ir en plan cita o con tu pareja.

Si te gustan los quesos y los vinos de autor que no suelen encontrarse en todos lados, Pain et vin es tu lugar en el mundo. Una de las cosas que me sorprendió es que pensé que iba a ser mucho más caro, pero hay opciones para todos los gustos y billeteras. Obvio que tenés botellas de 30 lucas, pero con Agustín, el amigo con el que fui, elegimos siempre las copas del día, que son selecciones exquisitas y un poco más baratas que el resto.

Obviamente como somos bastante ignorantes en lo que tiene que ver con el vino le hicimos caso siempre a Gabi  (espero no estar recordando mal su nombre), la moza sommelier que nos tocó que nos recomendó empezar con un blanco para ir ablandando el paladar y terminar con un malbec bien pesado. Arrancamos con un Pielihueso blanco de baja intervención, seguimos con un Pintom Pinot Noir y cerramos con un Inseparable by Per Se Malbec.

Además pedimos una tabla de quesos para compartir que viene con diferentes variedades, frutos secos y una salsa de tomate dulce que voy a ver cómo hago para robarles la receta porque es de lo más rico que probé en los últimos tiempos.

Si quieren un lugar diferente, un ambiente precioso con personas super amables que no solo te atienden increíble sino que además te enseñan lo que estás tomando, Pain et vin es tu lugar.

Ahora además de recorrer todas las taquerías de la Ciudad de Buenos Aires tengo otra meta: recorrer todos los bares de vinos.

5. Domingo a la tardecita

Todo el mundo se siente igual los domingos a la tardecita. Esa melancolía que roza la tristeza que llega alrededor de las seis de la tarde que entra sin pedir permiso. No importa la situación en la que estemos de nuestras vidas, esa nostalgia por el tiempo libre que empieza a desaparecer con el atardecer siempre nos ataca. Muchos hacemos lo posible para escaparle con series, con partidos de fútbol, con amigos, con pizza, con un vermú, con siete vermús, pero sabemos que no podemos. Después llega el lunes y nos damos cuenta que no era tan terrible. Que de alguna manera lo sorteamos y logramos superarlo porque nos la re bancamos pensando en nuestros yo pasados como los giles que no paran de exagerar.

Lo que escribo acá arriba nace a partir solo del nombre de un proyecto que empecé a disfrutar incluso antes de consumirlo: Domingo a la tardecita. La idea de este proyecto audiovisual, ideado y llevado a cabo por Sofía Milano, tiene la intención de mostrar a artistas en charlas distendidas en sus hogares y tocando como si nadie los estuviera viendo.

Es un proyecto super íntimo y precioso.

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"Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar".

— Ernest Hemingway

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POEMA DE LA SEMANA
No conocía a Nika Turbiná. La conocí gracias a El Hilo Conductor, newsletter que hace Malena Rey que ya recomendé hace tiempo en observando. Siento que este poema que elegí no puede leerse sin contexto. Nika Turbiná tenía seis años cuando escribió ¿Quién soy?. La niña, que es de esas personas a quienes a algunos les gusta llamar "niños prodigio", nació en la Unión Soviética en el año 1974 y escribió su primer poema a los cuatro.

¿Quién soy?

¿Quién soy?
¿Con los ojos de quién
miro este mundo?
¿Con los de mis amigos? ¿familiares?
¿de los árboles? ¿las aves?
¿Con los labios de quién
capto el rocío de la hoja
caída a la carretera?
¿Con los brazos de quién
abrazo este mundo,
que es tan indefenso y frágil?
Pierdo mi voz entre las voces
de los campos, las lluvias, los bosques,
de las tormentas de nieve y de las noches.
Pues ¿quién soy?
¿En qué he de buscarme?
¿Cómo respondo a todas las voces
de la naturaleza?

– Nika Turbiná

Outro

Hola, amis, ¿cómo estás? Espero que esta semana hayas comido pizza y si no lo hiciste lo hagas esta noche porque la pizza lo mejora todo siempre.

Yo acá. “Acá” es lo que respondo cuando alguien me pregunta cómo estoy y no da para decir “todo bien” porque sería medio una mentira. No es que estoy mal, la verdad es que nunca suelo estar mal, pero tampoco estuve increíble esta semana porque uno de mis mejores amigos se operó de un tumor en la vesícula. Tiene 33 años y salió todo bien, pero me afectó de una manera brutal.

A medida que pasa el tiempo entiendo que va a haber cosas nuevas y difíciles que voy a tener que vivir. La enfermedad de mis amigos y gente que quiero y hasta la pérdida de alguien son algunas de ellas. No es la primera vez que alguien cercano se enferma, aunque sí la primera que me afecta tanto. Descontando el miedo de perderlo, aunque todo indique que las cosas van a evolucionar bien, ¿estimo que es por su edad? ¿Alguien está preparado para ver mal o que le pase algo malo a alguien tan joven? Nadie está realmente preparado para ver mal a alguien que quiere sin importar su edad, pero podemos esperar este tipo de cosas en adultos mayores. De alguna manera nos vamos preparando inconscientemente para esos momentos.

No sabía si incluir esto en observando. Casi lo borro, pero suelo contar todo lo que me pasa en el outro, así que decidí dejarlo. Algunas veces las personas que escribimos escribimos también para sacarnos dudas, para bajar un poco a tierra las cosas que tenemos en la cabeza. Espero que esto funcione y espero no bajonearte en el proceso.

Este tipo de situaciones te hace replantearte todo. ¿Vale la pena todo lo que me estreso por trabajo? ¿Debería estar viendo más a la gente que quiero? ¿Debería decirle mucho más a esa gente cuánto la quiero? ¿Debería viajar más y hacer las cosas que me gustan ahora que puedo porque dejarlas “para después” no tiene ningún sentido?

Siento que todos estos párrafos y preguntas no son más que un gran cliché, pero algunas veces los clichés no dejan de ser simplemente realidades y escenas cotidianas que nos atraviesan a todos y que al repetirse una y otra vez se terminan convirtiendo en eso, en clichés. Creo que tienen demasiada mala prensa y no deberían.

Como siempre, si te gusta lo que hago en observando podés colaborar aportando unos billetitos o comprándome un café. Y si poner guita te parece demasiado, también podés ayudarme compartiéndolo en tus redes sociales.

Te mando un abrazo,

Axel

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