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Por Axel Marazzi

1. Cómo hice

Con Gus todos los meses tenemos una cita. Salimos a caminar por los bosques de Palermo durante aproximadamente una hora. Nos ponemos al día, hablamos de trabajo, de internet, de nuevos youtubers que conocimos, de tiktokers que valen la pena seguir, de Últimos Cartuchos cuando salía el programa, de libros, proyectos y nuestras intenciones constantes de viajar, aunque sabemos que es casi imposible.

Él es fanático, como yo, de la música, pero particularmente es fanático de Fito Páez. Y yo descubrí a Fito hace solo algunos meses, durante la pandemia. Cuando se lo comenté una de las últimas veces que salimos a caminar primero, lógicamente, me dijo que era muy gil por haber dejado pasar tanto tiempo pero que también me envidiaba un poco porque tenía un mundo inmenso de talento por conocer por delante.

Y una de las cosas que me recomendó es que vea Cómo hice, una serie documental hecha por Emilio del Guercio, uno de los integrantes de Almendra, una de las primeras bandas de rock nacional de la Argentina que le marcó el camino a todos los artistas que hoy tenemos entre nosotros, donde habla con artistas increíbles sobre canciones particulares que hicieron. El foco está puesto en el momento de la creación, en ese instante de brillantez en el que el artista es poseído por una musa y logra crear una obra que lo trasciende, que viaja sin control por las personas y las generaciones.

Vi pocos episodios –obviamente el de Fito en el que habla de la creación de “Yo vengo a ofrecer mi corazón” está entre esos–, pero hay para todos los gustos. Emilio habla con artistas únicos como Spinetta, León Gieco, Palito Ortega, y muchos otros. Si te gusta la música, más allá que te gusten esas canciones en particular o no, estoy seguro que te gustará esta serie documental.

2. Silk Sonic

Me costó aceptar a Bruno Mars. En un principio pensé que era uno de esos músicos armados por el inmenso aparato de marketing de la industria, pero con el tiempo terminé entendiendo que es una bestia absoluta con un talento inmenso.

No me pasó lo mismo con Anderson .Paak, a quien amo profundamente. Tanto que varios millones de su sesión en Tiny Desk deben ser reproducciones mías. .Paak, que pasó un tiempo viviendo en la calle después que lo echaron de un trabajo que tenía en una granja en la que se cultivaba marihuana, se terminó convirtiendo en una de las voces de nuestra generación con los temas más grooveros que puede hacer un ser humano y una onda única.

¿Por qué hablo de .Paak y Mars? Porque se juntaron para crear Silk Sonic, un dúo que presentó solo una canción, llamada “Leave The Door Open”, con tanta onda que no puede más. Como sus creadores, bah.

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3. Charlando tranquilamente

No soy una persona que escuche demasiados podcasts. De hecho, todo lo contrario. Pero cada tanto encuentro uno que me deslumbra y no puedo parar. Me pasó con Humanos de Esteban Menis, con JPV de Juan Pablo Varsky, o con Lado BB, de Bebe Contepomi, más recientemente.

Y ahora me volvió a pasar con Charlando tranquilamente de Ibai Llanos, uno de los streamers más importantes no solo de habla hispana sino de todo el mundo (al menos si tomamos como base de importancia los números de personas que ven sus streams). Charlando tranquilamente hace honor a su nombre. Se trata de conversaciones muy relajadas entre Ibai y algunas personas increíblemente influyentes como el Kun Agüero, Auronplay, Nicki Nicole, Piqué, o Bizarrap.

Escuché, por ahora, el episodio del Kun, del Biza y Nicki Nicole y lo mejor que tiene este podcast es que, en la mayoría de los casos, Ibai tiene una relación con los entrevistados. O por haber stremeado juntos, jugado online, o porque es fan y charló en varias oportunidades, y eso se ve porque ellos terminan super distendidos contando cosas que o no contaron antes o como si estuvieran contándoselas a un amigo.

Si les gustan los podcasts de entrevistas, este es una gran, gran opción.

Ojo, los episodios son larguísimos –de hasta dos horas y media–, así que quizás eso te la baje un poco, pero yo los escucho por partes mientras estoy en el gym o viajando en el auto.

4. American Horror Story: 1984

Hace tiempo, desde que terminé de ver The Haunting of Bly Manor, que quiero ver una serie de terror. En mi cabeza el terror me encanta. Pero la realidad es otra. Si bien disfruto de las producciones de este estilo soy increíblemente cagón. Tanto que después me cuesta dormir.

Como sabía que Valen estaba viendo hace tiempo American Horror Story y que todas las temporadas son diferentes y se pueden ver de manera independiente, le pregunté si me recomendaba alguna temporada que no diera tanto miedo. Me dijo que no era la mejor, pero que podía ir por AHS: 1984, que es algo así como un homenaje a las viejas películas de terror estilo Scream o Sé lo que hicieron el verano pasado.

Y lo mejor de todo es que es justamente eso, pero llevado al extremo. No hay que verlas como las primeras temporadas de American Horror Story o The Haunting of Hill House, sino como una parodia de esas películas. Y como toda parodia, lo lleva al extremo de una manera genial. AHS: 1984 tiene a la estudiante con un pasado oscuro y que logra escapar constantemente del asesino, chicos lindos y musculosos, giros constantes en la trama y hasta algunas cosas que no tienen ningún sentido.

Sin duda no se trata de la mejor temporada de American Horror Story, pero sí está buena para ver si tenés ganas de disfrutar de un homenaje a esas películas con las que crecimos. Y como disfruto muchísimo la nostalgia, disfruté mucho de esta temporada de Amerncan Horror Story.

Me queda ver el documental sobre Richard Ramirez, un asesino que aparece en el show y que está tomado, como muchas cosas que suceden dentro del universo de American Horror Story, de una historia real.

QUOTE

"Sólo los imbéciles no cambian nunca de opinión".

— Jacques Brel

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Hola, amis, ¿cómo estás?

Esta semana observando tiene un montón de seguidores nuevos. Resulta que Martu Rua, amiga y colega, publicó una lista de los 10 newsletters que más le gustan en su cuenta de Twitter (hablame de gente generosa), se viralizó bastante y llegaron muchísimos nuevos suscriptores.

Si sos un recién llegado, te doy la bienvenida. Espero que te haya gustado lo que escribo.

Esta semana fue un poco complicada. El padre de mi mejor amigo falleció y, probablemente sientas igual que yo, los padres de nuestros mejores amigos son algo así como segundos padres para nosotros. Al menos así lo sentía yo a José.

Considerando que de pibitos con Mati estábamos pegados todo el tiempo jugando a la pelota, mirando Súper Campeones, jugando videojuegos, andando en bicicleta, la cantidad de tiempo que pasaba en su casa por momentos superaba la cantidad de tiempo que pasaba en la mía. Su casa era mi segundo hogar. Por eso tanto José como su mamá me educaron casi tanto como a él. Se lo va a extrañar.

Nunca había ido a un funeral y si bien este estuvo condicionado por la pandemia, no hubo hubo prácticamente gente y fue todo diferente a como hubiera sido en nuestro viejo mundo, entendí la importancia que tienen algunos rituales que antes simplemente no comprendía. Sobre todo cómo nos dan la posibilidad de despedirnos y, de alguna forma, darle un cierre a algo tan traumático como puede ser la muerte.

En fin, te dejo el domingo pum para arriba. Espero no haberte bajoneado. Nunca es la intención de observando.

Como siempre, la mejor forma que tenés de ayudarme es dar a conocer el newsletter. Si querés, podés compartirlo a través de tus redes sociales (no te olvides de poner que se registran a través de observando.net). Además, si ya sos tan fan que no podés más y tenés ganas de ayudarme zarpado, podés colaborar aportando guita o comprándome un cafecito. Menos de lo que sale una birra en tu cervecería preferida.

Te mando un abrazo y gracias por llegar hasta acá. Cuidate, por favor, que todo volvió a complicarse y esta realidad de mierda que estamos atravesando no termina más.

Axel

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