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Por Axel Marazzi

1. Medium Raw, de Anthony Bourdain

En las últimas ediciones estuve escribiendo mucho sobre Anthony Bourdain. El tema es que después de haber visto su documental, Roadrunner: A Film About Anthony Bourdain, recordé el fanatismo que sentía por él después de haber consumido tanto sus viajes por el mundo comiendo comidas exóticas y reflexionando sobre el planeta y las personas que habitamos en él.

Y vuelvo por más, porque esta semana terminé Medium Raw, el libro que estaba leyendo y que es una especie de autobiografía, al menos de lo que pensaba Bourdain sobre el mundo de la cocina, sobre algunos chefs en particular, sobre cómo se trabaja y vive alrededor de esos lugares donde se preparan los platos más codiciados del mundo, donde hay que esperar meses, con suerte, para poder sentarse a comer después de reservas casi imposibles.

Pero está lejos de ser un libro sobre cocina. Si bien Bourdain siempre hizo contenidos que de alguna manera se relacionaran con la comida, muy lejos estaban de quedarse ahí. Este libro es una prueba más de ello. Puede estar hablando de lo mal que le hace McDonald’s al mundo, pero va a estar también escribiendo y desarmándose hablando de la paternidad; puede estar hablando de cómo hay que romperse el lomo en tugurios de mala muerte cobrando dos pesos para poder llegar a convertirse en un chef reconocido, pero también estará hablando de política, de empatía, de amor y de un camino completamente solitario.

Y estas son las cosas que se tocan en el libro, que permiten conocer un poco más a la persona que se hizo famosa por comer excentricidades pero que, después, nos dimos cuenta que tenía muchísimo para decir, para analizar de la realidad, para contarnos de su vida repleta de felicidad, depresión, adicciones y habitaciones de hoteles que, en muchas ocasiones, te hacen sentir increíblemente solo, sin un hogar, sin raíces.

Cierro con unas líneas, donde escribió sobre la decisión de haber tenido un hijo, que me emocionó hasta las lágrimas:

John F. Kennedy dijo algo realmente aterrador, una de esas cosas que pueden helar la sangre de cualquier progenitor: «Tener un hijo es entregarle un rehén al destino».

Desearía no haberlo leído nunca. Solo puedo esperar que sea feliz. Incluso me conformaría con que fuera rara, pero feliz. Siempre se sentirá querida. Tendrá comida. Y un hogar. Una extensa familia italiana y sarda, y una estadounidense más reducida. Cuando cumpla seis años habrá visto gran parte del mundo y también habrá visto que no todo el mundo vive como ella en este planeta, que no puede hacerlo. Con suerte, habrá jugado y corrido descalza con los hijos de los pescadores y agricultores del Vietnam rural. Habrá nadado en todos los océanos. Sabrá comer con palillos, sabrá distinguir el queso auténtico. Ya habla italiano mejor que yo.

Aparte de todo esto, no sé qué más puedo hacer.

2. Nicki Nicole en Tiny Desk

Nicki Nicole es una bestia. Con 21 años ya conquistó el mundo más que cualquier otro nuevo artista de la movida argentina relacionada al trap, el quinto escalón y la música urbana. Y no estoy exagerando. Si bien hay otros máximos exponentes como Duki, Bizarrap, Lis Killah, Paulo Londra, Cazzu, María Becerra y una lista larguísima de pendejos con un talento único, Nicki fue la única que logró salir del mercado hispano para entrar a Estados Unidos, cosa que muchos artistas no logran en toda su vida.

Hace solo meses Nicki se convirtió en la primera artista argentina en haber sido invitada a The Tonight Show, el programa de Jimmy Fallon. Tranqui. Y esta semana lanzó su propio Tiny Desk, el ciclo de shows en vivo, casuales y caseros de NPR, que es uno de los live shows más importantes del mundo.

El set list de Tiny Desk es precioso. Arranca con “Colocao”, sigue con “Mala vida” y después el tema que la llevó a la fama: “Wapo Traketero”. Antes de una sesión de freestyle preciosa continúa con “Parte de mi” y “Baby” para cerrar.

El video es un diez absoluto y cada tanto tira unas mezclas con tango que lo coronan de una manera espectacular. No sé si tiene la potencia para destronar a mis preferidos de todos los tiempos, el de Mac Miller, el de C. Tangana, y el de Tyler The Creator, pero sin duda está en los primeros puestos.

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3. Steve Jobs, por Jony Ive

Steve Jobs era una persona complicada. Era un ser disfuncional en muchísimos aspectos, tanto en su forma de tratar a sus empleados como en lo que tenía que ver con sus relaciones familiares y sociales. Pero también era un genio que cambió el mundo como pocos en las últimas décadas. El iPhone es uno de los primeros inventos que me se me vienen a la cabeza cuando alguien pregunta “cuáles fueron los inventos que cambiaron el mundo”.

Una de las personas con las que mejor se entendía y con quien trabajó de igual a igual en muchos de los proyectos más importantes que tuvo Apple hasta su fallecimiento fue Jony Ive, el diseñador estrella que hace un tiempo dejó Apple para dedicarse a su propia agencia. Ive es sin duda una de las personas que, al menos desde el punto de vista laboral, más conocía al genio y hace poco lo recordó en unas pocas líneas que me gustaron mucho y traduzco acá abajo:

Amo cómo veía el mundo. La manera en la que pensaba era bellísima.

Fue, sin dudas, el humano más curioso que conocí. Su insaciable curiosidad no se vio limitada ni distraída por su conocimiento o experiencia, ni fue casual o pasiva. Era feroz, enérgica e inquieta. Su curiosidad era practicada con intención y rigor.

Muchos de nosotros tenemos una innata predisposición a ser curiosos. Creo que después de haber tenido una educación tradicional o de trabajar en un entorno con mucha gente, la curiosidad es una decisión que requiere intención y disciplina.

En grupos grandes nuestras conversaciones giran en torno a lo tangible, a lo medible. Es más cómodo, mucho más fácil, y más aceptado socialmente hablar de lo que conocemos. Ser curioso y explorar ideas de manera tentativa era mucho más importante para Steve que ser socialmente aceptable.

Nuestra curiosidad ruega que aprendamos. Y para Steve, querer aprender era mucho más importante que tener la razón.

4. Alice in Borderland

Como terminé bastante manija con Squid Game quise meterme con una nueva serie distópica del estilo de “si perdés el siguiente juego te vas a morir” y Netflix, haciendo un uso genial de sus algoritmos, me recomendó Alice in Borderland. No sabía que existía, pero vi el trailer, vi que era de este tipo de historias que tienen a la supervivencia como protagonista y decidí verla. Después de todo, eran solo ocho episodios.

Bueno, digamos que te tiene que gustar el género para ver esta porque tiene mucho menos sustento que Squid Game. Al menos en la exitosa serie coreana está como base la inequidad social y la desesperación que pueden llevar a un grupo de personas a hacer lo que sea, incluso poner en riesgo su vida, para poder salir adelante.

En Alice in Borderland medio que no se entiende mucho qué es lo que está pasando más allá de que un grupo de jóvenes tenga que luchar a través de diferentes pruebas para poder sobrevivir. Quizás lo único que es más interesante de Alice que de Squid es que en la primera, al menos en la mayoría de los casos, suelen tratarse de juegos que tienen escapatoria, que con ingenio e inteligencia podés zafar. En Squid Game es más “sálvese quién tenga o más fuerza o más destreza física”.

¿La recomiendo? Y…me cuesta. Si todavía no viste Squid Game arrancaría por esa. Siento que está más hecha para adultos. Si la viste y quedaste ultra manija con el género, le daría una oportunidad a Alice in Borderland, pero arrancando con menos expectativas.

QUOTE

"A los hombres les encanta maravillarse, y esa es la semilla de nuestra ciencia".

— Ralph Waldo Emerson, Works and Days

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POEMA DE LA SEMANA

 

Lluvia

Me desperté esta mañana con
un terrible sentimiento de quedarme tirado en la cama todo el día
y leer. Pelee contra el sentimiento por un minuto.

Miré por la ventana a la lluvia.
Y me rendí. Me puse enteramente en el resguardo de esta mañana lluviosa.

¿Debería vivir mi vida otra vez?
¿Cometer los mismos errores imperdonables?
Sí, dadas las chances. Sí.

– Raymond Carver

Outro

Hola, ser del bien que llega hasta el final de mis correos, ¿cómo estás? Yo bien. Esta semana corta después de haber pasado un fin de semana larguísimo en Santa Fe me vino increíble. Desconectarse un poco vale oro en estos tiempos y logré hacerlo.

Terminé finalmente el libro de Bourdain. Ni sé hace cuántos meses que no terminaba un libro. Voy a intentar seguir con la racha. Creo que voy a seguir con La muerte de Bunny Munro, de Nick Cave, que lo editó Malpaso y me lo compré en la feria de editores, como te conté hace algunas ediciones. Si tenés algo que te haya volado la cabeza, espero ansioso tu recomendación. También tengo en lista Los Llanos, de Federico Falco, y Vida de Gustavino y Gustavino, de Andrés Barba.

El lunes salió un nuevo episodio del podcast de CUR!OUS donde hablamos de microplásticos. Charlamos con Dafna Nudelman, que quizás conozcas por haberla visto en redes como La Loca del Taper. Es un tema que me encantó investigar. Creo que hicimos un buen laburo y el episodio quedó copado. Si te interesa el tema, podés escucharlo en Spotify.

Por otra parte, no me aguanté más y me metí en el mundo de los videojuegos NFT. Hay un montón y todos funcionan igual: juegos en los que para entrar tenés que poner guita (puede ir desde unos pocos dólares hasta más de mil) y que, mientras jugás, vos vas generando tokens que después podés vender o invertir en el juego para poder generar más tokens y, por ende, más guita.

Hay dos que son los más importantes del mercado. El más famoso es el Axie Infinity, pero yo me metí en el Plant vs Undead, que está inspirado en el Plants vs Zombies, por la diferencia de dinero para poder ingresar. En el primero hay que poner alrededor de u$s 1.000, mientras que en el segundo podés entrar con u$s 50. Recién pasó una semana y se empieza a generar un poco más desde el segundo mes, así que ya te contaré la experiencia.

Si querés ayudarme de alguna manera podés aportar mensualmente a observando. Podés hacerlo por menos de lo que sale una cerveza en cualquier bar o podés comprarme un cafecito. Si no te pinta ninguna de las dos, también podés ayudarme sin gastar un peso: solo tenés que recomendar observando en tus redes sociales. La idea es llegar a la máxima cantidad de gente posible y sabemos que el boca en boca es de las mejores formas de lograrlo.

Te mando un abrazo,

Axel

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