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Por Axel Marazzi

1. ¿Hasta dónde puede llegar un newsletter?

Hace 212 ediciones que decidí hacer observando. El número uno salió el 2 de octubre de 2016 y lo recibieron 47 personas. Hoy, después de cuatro años, la cantidad de cosas que me dio este newsletter son prácticamente incontables. Me generó trabajos, la posibilidad de viajar y hasta amigos. Y, como si fuera poco, esta semana pasó otra de esas cosas que no imaginás que pueden suceder.

Hace tres ediciones conté la historia de Arnold Samuelson, un aprendiz de escritor que, sin nada para hacer de su vida y durante la Gran Depresión estadounidense, había decidido viajar miles de kilómetros haciendo dedo y colándose en trenes para conocer a uno de sus escritores favoritos: Ernest Hemingway.

La cosa es que Samuelson terminó convirtiéndose, después de una serie de encuentres con Hemingway, en su asistente. Y el año que pasó a su lado viajando entre Florida y Cuba en los viajes de pesca que hacía el escritor Samuelson lo plasmó en su libro With Hemingway: A Year in Key West and Cuba, que se trata de una publicación editada en 1988 y que no se consigue por ningún lado.

Esta semana me escribió Maru, una lectora de observando que vive en Madrid para contarme que había conseguido el libro usado y me pidió la dirección de mi casa para enviármelo: “Esta es mi manera de agradecer lo que hacés en observando”.

No te voy a mentir. Se me cayeron algunas lágrimas de emoción cuando leí los mensajes de Maru. Regalar un libro puede parecer algo trivial, pero regalárselo a alguien que vive en la otra punta del mundo solo porque aprecias lo que hace en su newsletter me parece de un nivel de cariño inmenso. Todavía no puedo creer no solo lo que generó haber empezado a escribir observando hace cuatro años, sino lo que sigue generando.

Muchas gracias por estar del otro lado.

2. Mi abandono, de Peter Rock

Terminé la novela de Peter Rock que estaba leyendo hacía, no sé, dos meses. Está para ir a festejar al Obelisco. Se trata de Mi abandono, un libro cortito de 215 páginas que editó Godot.

En Mi abandono se cuenta la historia de Caroline y su padre, un hombre con muchísimos problemas que decidió vivir alejado de la sociedad, en el medio del bosque en una cueva y arrastró a su hija con él pensándose superior al resto.

Lo mejor del libro es cómo la niña pasa de adorar e idolatrar al padre a darse cuenta que quizás ellos, los adultos que nos crían, también pueden estar equivocados, que algunas de sus decisiones no siempre son las mejores, más allá que lo hagan con buenas intenciones. Alejarse de ese camino marcado por los padres para, de alguna manera, armar el propio.

Una de las cosas interesantes del libro es que, de alguna manera, está basado en una historia real. En 2004 The Oregonian publicó un artículo donde se informaba sobre un padre y una hija rescatados de los bosques de Oregon y reubicados en un hogar. Semanas después desaparecieron y por ese motivo el profesor de escritura creativa y quien vive en Portland, la ciudad más grande de Oregon, decidió crear esta ficción a partir de esos detalles.

En esa época Rock leía a Thoreau que, justamente, era un tipo muy antisocial que decidió vivir en el bosque. De hecho podemos leer sus aventuras rodeado de árboles y animales en Walden, probablemente su libro más famoso junto a La desobediencia civil. “Hay una noción masiva acerca de Thoreau como un anacoreta amistoso y gentil, pero si lo leés como alguien con tendencias misántropas, aparece un tipo irritable y paranoico”, dijo Rock. Si extrapolamos esa declaración a la actitud y forma de ser del padre de Caroline en Mi abandono, entendemos perfectamente de dónde sale esa inspiración.

Un libro muy lindo que evoluciona a medida que avanzan las páginas, repleto de contradicciones como las tenemos todos constantemente en nuestras vidas y una pluma espectacular. Una novela preciosa y llevadera.

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3. Un hilo repleto de novelas cortas

Esta semana, después de haber terminado Mi abandono, pregunté en Twitter qué novelas cortas me recomendaban. Es algo que suelo hacer habitualmente, pero esta vez hice mucho énfasis en que fueran realmente cortas porque sino no iba a leerlas. Se desmadró mal.

El tuit en cuestión tuvo más de 500 respuestas, así que básicamente más allá de que sean novelas cortas o cuentos largos, tengo para leer hasta que me jubile.

Algo que me sorprendió es la cantidad de gente que recomendó Seda, novela de Alessandro Baricco que ya compré en Mendel, una librería preciosa que queda super cerca de casa. No porque la novela sea mala –de hecho la estoy terminando y me parece una joya– sino porque no la tenía en mi radar. No sabía ni que existía. Lo más probable es que la próxima edición de observando haga la reseña de Seda.

También me recomendaron muchísimo a Amélie Nothomb, autora que leí bastante hace algunos años pero que no recuerdo con mucho cariño. En general todos los autores que leí mucho me dejaron algo, más allá que no recuerde sus historias en particular. No me pasó con Nothomb, pero bueno, quizás a vos te interese alguna de sus novelas que recomiendan en el hilo.

Y otro que me nombraron muchísimo fue La nieta del señor Linh, de Philippe Claudel, que probablemente sea el próximo que agarre cuando termine Seda.

Espero que te sirva el hilo tanto como a mí.

4. Tognis

Hace un tiempo en la Ciudad de Buenos Aires se puso de moda la pizza estilo neoyorquina, que son esas pizzas inmensas y muy finitas que fueron pensadas para comerlas al pasado porque, como sabemos, en New York todos están apurados constantemente trabajando sin parar un segundo y no hay tiempo ni para comer, cosa que gracias –¿o por culpa de?– la globalización y cómo crecieron las metrópolis es algo que se extrapoló básicamente a cualquier gran ciudad del mundo.

La primera gran pizzería del estilo fue Hell’s Pizza. Fui por primera vez con Marcos, un ex jefe que terminó siendo un gran amigo, y me partió la cabeza, pero no voy a hablar de Hell’s Pizza porque ya todos la conocen y saben de qué se trata esta cadena. En vez de eso voy a hablar de Tognis, que es algo así como la pizzería del momento en la Ciudad de Buenos Aires.

Lo que más me gustó de Tognis, quizás porque trabajo constantemente en eso, es la identidad del lugar. Parece que fue concebido como si fuera un proyecto de UX/UI. Todo está perfectamente diseñado, con paletas de colores propias, venden remeras que son preciosas (obviamente me compré una) y tienen unas cajas de pizza que tranquilamente usaría para decorar mi departamento.

La pizza es muy rica, pero al haber comido las que siempre suelo pedir en Hell’s, esperaba que las supere y no sucedió. Me pedí tres porciones (es un montón, con dos ya estaba perfecto): una de muzzarella, una de pepperoni y otra de jalapeños. La de muzza y de pepperoni estaban bastante bien. La de jalapeños no. No quiero que se me malinterprete. Es una alta pizza, pero tenía la vara demasiado alta.

5. Jorge & Alberto Coiffeur

Martín Garabal me parece uno de los comediantes, para resumir –porque la verdad es que su currículum es inmenso y dirige, actúa, conduce, dibuja–, más talentosos de nuestra generación. Alguien que hizo su propio camino gracias a la creación de productos como Famoso, Periodismo total, Deliciosisimo y varias producciones más. Todo sin contar Últimos Cartuchos, que, como ya escribí hace tiempo, revolucionó el concepto de lo que es hacer radio y le dio una nueva bocanada de aire a un medio que venía repitiéndose hacía décadas.

Toda esta intro para comentar un nuevo corto, llamado Jorge & Alberto Coiffeur, que hizo Martín donde colaboraron Damián Kuc, Adrián Lakerman y Santiago Korvsky. Jorge & Alberto Coiffeur es un homenaje a la película Un príncipe en Nueva York, la película de Eddie Murphy donde el actor interpreta, además de al príncipe, a un viejo peluquero que se pelea constantemente con sus compañeros.

Las intervenciones de Korovsky, Garabal peluquero viejo bailando Thriller y la frase “no se dice dato de color se dice dato afroamericano” me detonaron.

Obvio que es un chivo de la segunda entrega de Un príncipe en Nueva York que salió en Prime, pero eso no lo hizo menos gracioso.

QUOTE

"Si no fuera por la música, habría más razones para volverse loco".

— Piotr Ilich Chaikovski

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POEMA DE LA SEMANA

Poem Beginning With a Retweet

If you drive past horses and don't say horses
you're a psychopath. If you see an airplane
but don't point it out. A rainbow,
a cardinal, a butterfly. If you don't
whisper-shout albino squirrel! Deer!
Red fox! If you hear a woodpecker
and don't shush everyone around you
into silence. If you find an unbroken
sand dollar in a tide pool. If you see
a dorsal fin breaking the water.
If you see the moon and don't say
oh my god look at the moon. If you smell
smoke and don't search for fire.
If you feel yourself receding, receding,
and don't tell anyone until you're gone.

– Maggie Smith

Outro

Hola amis, ¿cómo va?

No sé si te pasó, pero esta semana se me hizo eterna. Lo que me costó llegar al viernes no tiene nombre. No sé por qué, no suelo ser de esas personas que sufren mucho la semana, sobre todo porque tengo una rutina que sigo –casi– a rajatabla y eso mantiene todo en orden. Pero bueno, llegamos y hoy ya es domingo así que, nada, se viene la depre.

Me quiero tatuar otra vez. Lo de siempre, no te tatuas nunca en tu vida pero lo hacés por primera vez y a los dos meses estás pensando en otro. La sección explore de mi cuenta de Instagram son todo tatuajes. Con el tiempo me fui dando cuenta que esa sección dentro de la red social plasma perfectamente mis intereses personales del momento.

Hace un tiempo si entrabas a esa pestaña te iba a mostrar ropa, outfits e imágenes más relacionadas a la moda, después me llegó la época de las bicicletas fixie y ahora la de los tatuajes. ¿La tab de explore como una forma de conocer nuestros propios intereses? Podría ser. Creo que hasta da para hacer un artículo al respecto.

Y navegando esas miles de cuentas relacionadas al tatuaje llegué a la de Mr. Preston, un tatuador británico que vive en Manchester y que tiene un estilo muy particular. Suelen ser como pequeños cuadritos con esqueletos dentro y frases en la parte inferior y superior. La cosa es que hizo una serie con frases de The Smiths, una de mis bandas preferidas de todos los tiempos, que me dio ganas de tatuármelo.

El que más me gustó fue uno en el que se puede ver un esqueleto en pose existencialista con la frase “I am the son and the heir of a shyness that is criminally vulgar”. Qué se yo. Le voy a dar un poco más de tiempo para ver qué sigo pensando al respecto en, no sé, un mes o dos. El primer tatuaje que me hice es de una foto en la que estoy con mi vieja y mi hermano en la playa en plan minimalista y siento que hay un significado muy profundo detrás y que nunca podría cansarme. Con lo del esqueleto siento que no es así. Aunque, al mismo tiempo, si me canso no puedo hacer nada al respecto así que tampoco sería tanto problema. En fin, terminó saliendo un rant en relación a lo que pienso sobre los tatuajes que podría llegar a hacerme. Lo único de lo que estoy seguro es que todo esto me dio ganas de escuchar The Smiths.

Hace algunos días estoy intentando hacer algunas pequeñas actividades sin el celular. Como que me pongo metas para no usarlo constantemente. Trato de no usarlo cuando voy al baño, intento no usarlo entre ejercicio y ejercicio cuando estoy en el gimnasio y demás. No siempre funciona, pero va de a poco. Ya te contaré cómo me va con el experimento.

Además, como te dije en la edición pasada de observando, estoy constantemente escuchando música instrumental mientras trabajo. Tanto que decidí empezar mi propia lista. Por ahora tiene muy poquitas canciones y no tiene sentido compartirla, pero seguro que en algunas semanas voy a sumar bastantes de las que vaya escuchando y me gusten, termine armando algo potable y pueda compartirla.

En fin, te dejo.

Espero que tengas un domingo precioso rodeado de gente que querés mucho. Como siempre, me ayudarías un montón compartiendo el newsletter en tus redes sociales. Si lo hacés, no te olvides de poner el link (observando.net). Y si me querés ayudar un montón más, también podés colaborar con unos pesitos para ayudarme a pagar Mailchimp o compararme un café.

Qué largo se hizo el outro, pero qué placer me da escribirlo.

Un abrazo,

Axel

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