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Por Axel Marazzi

1. La analfabeta, de Agota Kristof

Cada vez que me voy a Mar del Plata suelo ir a una librería que se llama El Gran Pez. No sé por qué me gusta tanto ese lugar, pero creo que es porque se trata de esas librerías que muestran el amor que tienen por los libros, que hacen recomendaciones sentidas, desde el conocimiento y el cariño hacia los autores.

Allí es donde me topé por primera vez con un libro de Kristof. Se trataba de La analfabeta, una obra autobiográfica de poco más de 50 páginas editada en español por Alpha Decay que me cautivó, primero, por su portada artística y, segundo, por el título. Después de leer la contratapa, decidí llevármelo sin mucha más investigación.

Cuando fui a pagar, quien atendía me preguntó algo que no comprendí:

–¿Te gustó Claus y Lucas?
–¿Cómo?
–¿No leíste Claus y Lucas? Es de la misma autora de este–, dijo señalando La analfabeta.

Le respondí que no sabía de la existencia de Agota Kristof hasta que me crucé con el libro que estaba comprando. El librero me explicó que si bien La analfabeta me gustaría sin haber leído Claus y Lucas, la experiencia sería mucho más enriquecedora si sí lo había leído. Le pregunté si valía la pena y, sin lugar a la duda, me aseguró que sí, que valía la pena, así que también me lo compré.

Lo que opino sobre la trilogía protagonizada por estos dos pibes en el medio de la guerra ya lo sabés –me pareció alucinante, en una palabra–, pero lo que me pasó con La analfabeta va más allá.

En esas 50 páginas, Agota cuenta toda su vida agarrándose, siempre, desde lo que fue no solo su pasión, sino también lo que ella llama “su maldición”: la lectura. A través de las páginas, en las que constantemente podemos ver y entender cómo algunas situaciones de Claus y Lucas son profundamente autobiográficas, nos muestra un sufrimiento único, pero siempre con su manera tan particular de escribir: prácticamente sin adjetivos, sin grandilocuencias, sin zaña. Contando, como si se tratara de un narrador casi sin vínculo hacia la historia, la realidad. Y como la realidad alcanza para ser desgarradora, no hace falta más. Esos adjetivos que Kristof decide conscientemente dejar afuera no son necesarios ante el dolor de lo que atravesó. El dolor de dejar a sus hermanos, a sus padres, a su ciudad y país, para escapar de la guerra.

Claus y Lucas fue de las mejores novelas que leí en los últimos años y La analfabeta es de lo mejor que leí desde que leo.

2. Split

El viernes estábamos esperando la pizza con Maca tirados en el sillón. Ella miraba The Crown, curiosidad que revivió después de la muerte de Isabel II, cuando se me ocurrió ver una película de terror. Si cine en general consumo poco, cine de terror consumo prácticamente nada. Así que decidí ir a Twitter a preguntar qué me recomendaban. Ahora tengo una lista larguísima de films para disfrutar y cagarme en las patas, pero ese día, como ninguna me convenció, decidí ir por Split, que tenía ganas de verla hace tiempo.

El film, que dirigió y escribió M. Night Shyamalan, trata sobre Kevin, un hombre con múltiples personalidades. Una de ellas, Dennis, rapta a tres chicas que mantiene en un sótano.

No es el clásico terror de jump scares que, con movimientos de cámara veloces y sonidos estridentes, te hacen saltar de la silla, sino que se trata de uno mucho más psicológico que, al menos durante la primera parte, te hace sentir realmente mal.

Iba a poner que te hace sentir “atrapado y sin salida”, pero me resultó demasiado cursi así que mejor te lo cuento de esta manera que lo aliviana un poco y lo hace parecer menos bobina. Pero es la verdad. Sentís la desesperación absoluta de las chicas que no solo no pueden salir, sino que ni siquiera saben qué es lo que les harán.

Pero atrás de la historia principal transcurre otra, que es la que paralelizan a través de la psicóloga de Kevin. Para ella las personas que pasaron por un dolor tan fuerte que hizo que le “nacieran” múltiples personalidades para poder escapar de eso no solo son simples personalidades, sino personas independientes que pueden tener diferentes, por ejemplo, problemas de salud (uno ver mal y otro correctamente; uno ser insulinodependiente y el otro no), con distintos conocimiento y, en pocas palabras, ser otro solo porque su cerebro realmente así lo piensa.

Es un peliculón y la actuación de McAvoy es literalmente de otro mundo.

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3. Deforme, de Esteban Menis

No soy de ir a ver demasiado stand up. No por nada en particular, simplemente no lo tengo incorporado. De hecho, las pocas veces que fui, contadas con los dedos de una mano, la pasé super. Lo mismo viendo especiales en casa, como los de Ricky Gervais o Dave Chappelle que están en Netflix. Pero cuando me enteré de que Esteban Menis haría Deforme, rápidamente corrí a comprar entradas.

El show fue en un teatro-bar precioso que se llama La Carpintería. En la parte de adelante podés tomar unas cervezas o tragos, comer algo rico y, en la parte de atrás, se encuentra el teatro.

La obra que creó Esteban se trata de una obra introspectiva en la que Esteban habla mucho con la audiencia y usa ese recurso para recorrer el guión y crear un relato divertido, ameno y, por momentos, incómodo -porque logramos reconocernos en los extremos-.

Para quienes sigan a Esteban en redes sociales, sabrán que es una persona que se analiza hace muchos años. Y eso se puede ver constantemente en su obra. Porque lo que suele hacer son planteos existencialistas, personales, pero que logra conectar con quienes estamos del otro lado porque, después de todo, al menos en algunos aspectos, no somos tan distintos: todos tenemos los mismos problemas y miedos.

Y creo que ahí está lo más interesante de estos shows, que no solo te hacen reír, sino que te permiten sentirte identificado y un poco menos solo.

4. En nombre de la tradición

Las corridas de toros me parecen una aberración y un espectáculo que no tiene ningún tipo de justificación. Nunca entendí bien por qué un evento del cual forma parte el sufrimiento de un animal puede ser tan concurrido y defendido. Sí entiendo que es algo cultural, una tradición, pero no hace falta listar las mierdas que se han hecho a través de la historia en nombre de la tradición.

Esta semana, scrolleando por las inmensidades de Twitter, llegué a un mensaje en el que había un video de Ricky Gervais donde habla al respecto. Sus palabras calzan justo, como casi siempre, y me parecieron tan sensatas que decidí compartírtelas.

La verdad es que quiero gane el toro. Prefiero que no luchen contra el toro, pero si lo hacen, si deciden torturar a un toro hasta la muerte por diversión, espero que se defienda.

¿Quién quiere torturar a un animal hasta la muerte por diversión? ¿Y qué clase de idiotas van a verlo? Voy a torturar a este toro hasta la muerte, va a estar asustado y lo haré lento, apuñalándole con cosas para que pierda sangre. Está aterrorizado, la gente grita, está desorientado. Solo quiere que paren. El toro no hizo nada malo y no quiere luchar. Nadie quiere luchar contra el toro, pero si decidís hacerlo solo por diversión, jodete.

Y leo cosas en Twitter como: "No estoy de acuerdo, pero el torero no se merece morir". El toro se está defendiendo, ¿qué va a hacer? Tiene cuernos y la necesidad de parar a un sádico que quiere torturarlo. Intenta pararlo, escaparse.

Y la gente dice: "Es tradición". También la esclavitud. Me cago en la tradición. También la quema de brujas, también los sacrificios de niños.

Si algo es terrible no lo justificas diciendo: "Es terrible, pero lo hicimos durante mucho tiempo". Bueno, es tiempo de que pares. Hemos progresado. El progreso trata de que la sociedad maximice la compasión y minimice el sufrimiento. Creo que de eso se trata.

¿Por qué quieren esto? ¿Por qué lo necesitás? No lo entiendo.
QUOTE

"El que no se atreve a ofender no puede ser honesto".

— Thomas Paine

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POEMA DE LA SEMANA


Desayuno

Echó café
en la taza.
Echó leche
en la taza de café.
Echó azúcar
en el café con leche.
Con la cucharilla
lo revolvió.
Bebió el café con leche.
Dejó la taza
sin hablarme.
Encendió un cigarrillo.
Hizo anillos
de humo.
Volcó la ceniza
en el cenicero
sin hablarme.
Sin mirarme
se puso de pie.
Se puso
el sombrero.
Se puso
el impermeable
porque llovía.
se marchó
bajo la lluvia.
Sin decir palabra.
Sin mirarme.
Y me cubrí
la cara con las manos.
Y lloré.

– Jacques Prévert

Outro

Hola, ser del bien, ¿cómo estás tanto tiempo? Sí, ese “tanto tiempo” hace referencia a que la semana pasada observando no salió. Como te imaginarás, el tema de decir “decir en voz alta” que tenía la intención de hacerlo cada dos semanas como hice en la última edición hizo que todo tuviera sentido.

Además, cuando pregunté qué les parecía que observando saliera cada dos semanas, todas las personas que me contestaron me apoyaron en la decisión, lo cual lo hizo más simple. Como todo, nada es para siempre y quizás en un futuro vuelva a hacerlo semanalmente o quizás las entregas cada dos semanas, al tener más tiempo para consumir, pensar y escribir, sean un poco más largas y con eso alcance. Vamos a ver cómo evoluciona todo.

Hace unas semanas la grosa de Sofi Contreras me citó en Cortito y al pie, su newsletter. Gracias a ese cariño que recibió observando llegaron un montón de personas nuevas al newsletter. Si sos una de esas personas, te doy la bienvenida. Acá escribo un poco de las cosas que me atraviesan: arte, cultura, tecnología, literatura, series, comida, música. Espero que te guste.

Cuando terminé Claus y Lucas quedé con ese vacío que solemos sentir cuando soltamos una obra que nos cautivó, que nos enganchó y que nos abrió la cabeza. Eso que pasa solo con las obras que disfrutamos al máximo, que terminamos de leer lento porque no queremos llegar a su fin. No tenía idea cómo seguir, así que le pedí consejos a la gente que tengo cerca y que sé que ama leer o que sé que hace buenas recomendaciones. Seba, quien me había recomendado Claus y Lucas, me dijo algo que no me dejó muchas opciones: “La única obra con la que podés seguir, que es de las mejores obras que se escribieron en la literatura contemporánea de Argentina, es Nuestra parte de noche”. Así que acá me tienen, encarando la maratónica tarea de leer esta novelita que tiene casi 700 páginas. Leí poco más del 20% y entiendo por qué básicamente todas las personas que lo leyeron se engancharon tanto. Todavía no puedo decir que sea adictivo para mí, pero sí que se trata de un relato atrapante. Igual te digo esto y seguro en unos días no puedo soltarlo ni a las piñas. La de siempre.

Bueno, te voy dejando para que disfrutes tu domingo. Como siempre te digo, si bien recibir observando es gratuito, hacerlo no lo es. Si querés ayudar, podés aportar mensualmente, comprarme un cafecito o recomendarlo en tus redes sociales.

Me da cosa decirte que nos vemos en dos semanas, pero no se puede todo siempre y hay que dejar tiempo para descansar, desconectar, disfrutar y reflexionar sin tener la agenda repleta de cosas pendientes.

Gracias por estar siempre del otro lado y leer todos estos choclos que envío. No me deja de sorprender y ponerme feliz.

Te mando un abrazo,

Axel

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