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Por Axel Marazzi

1. El gran cuaderno, de Agota Kristof

Las expectativas rompen todo. No hay forma de que idealizar algo salga bien. Ni con las personas ni con los libros ni con las películas ni con nada. Si todos con los que hablamos nos dicen que determinada producción es completamente espectacular y no tiene desperdicio, nuestra cabeza se encargará de enaltecerlo al máximo sin que sea posible llenar esos zapatos.

Y es un poco lo que, al menos en principio, pensé que iba a terminar pasando con Claus y Lucas, la trilogía escrita por Agota Kristof que cuenta la historia de dos niños y su vida en el medio de una guerra sin nombre. Claus y Lucas está conformado por El gran cuaderno, que fue publicado en 1986, La prueba, que llegó dos años después, y La tercera mentira, de 1991.

La semana pasada terminé El gran cuaderno y, para no dar muchas vueltas, te lo voy a decir en tres palabras: tenés que leerlo. No hay otra opción. No sé cómo seguirá la trilogía y si tanto La prueba como La tercera mentira serán tan buenos como la primera parte, pero El gran cuaderno es una obra tan dura como genial.

Dura porque relata la vida en el medio de una guerra que, como cualquier guerra, hunde a la mayor parte de la población en la pobreza. El hambre, la falta de bienes, la prostitución, el robo, la muerte y el sufrimiento forman parte constante de la cotidianidad.

Todo empieza cuando Claus y Lucas son dejados por su madre en la casa de su abuela. Abuela a quien no conocían, que vive en el medio del campo y a quien todos llaman Bruja por haber envenenado, al menos supuestamente, a su marido. Es una persona malísima sin ningún tipo de escrúpulo, avara y que trata de la peor manera posible a sus nietos.

Pero estos pibes, los verdaderos protagonistas de la obra, son diferentes. Son chicos muy inteligentes que continúan su educación entre ellos incluso en ese mundo que los mira de reojo y los discrimina. Hacen ejercicios no solo para practicar matemática o redacción, sino también para poder enfrentarse a ese mundo despiadado en el que les tocó vivir con su cuerpo. Cuando se dan cuenta que el dolor y los golpes serán constantes en su vida, empiezan a pegarse entre ellos para hacerse más duros. Cuando se dan cuenta que habrá momentos en los que tendrán que quedarse quietos sin moverse duran largos períodos, se empezaron a tirar al piso, justamente, como si fueran estatuas sin moverse durante horas.

Me pasaron dos cosas que me parecieron alucinantes de El gran cuaderno. Primero que los hermanos crearon una ética y moral propias. Ellos son los que deciden lo que está bien, lo que deben respetar y lo que no, a quién deben defender y a quién deben dejar de lado. Nadie puede decirles que hacer porque no escucharán a nadie más que a su hermano o a ellos mismos. No existe la autoridad para ellos. Lo otro es que Kristof describe situaciones aberrantes de una manera simple, pasajera, sin tanto detalle. Esto hace que nosotros tengamos que pararnos a pensar en lo que leímos y darle la entidad que nos parezca adecuada.

No sé qué pasará con los otros dos tomos de esta trilogía, que arrancaré, si todo va como planeo, hoy mismo, pero El gran cuaderno es de lo mejor que leí en los últimos tiempos.

2. The Trial of the Chicago 7

Vos sabés que yo suelo llegar tarde a todo. A las series que se ponen de moda llego tarde. A los libros que se ponen de moda llego tarde. Es, al menos, una de mis marcas personales. Funciono así. Si todos están hablando de algo, un poco me saca las ganas de consumirlo. En mi defensa, la cultura no tiene fecha de caducidad y no importa si estás leyendo una obra que todos ya leyeron y de la cual todos ya opinaron. Cada uno tiene sus tiempos.

La cosa es que esta semana vi The Trial of the Chicago 7, la película que se estrenó a fines de 2020 y cuenta la historia de Abbie Hoffman, Jerry Rubin, Tom Hayden, Rennie Davis, David Dellinger, Lee Weiner, John Froines y Bobby Seale, representantes de una juventud progresista que estaba profundamente en contra de la guerra y de los ideales conservadores que reinaban en Estados Unidos en esa época. Todos ellos, que eran las cabezas de diferentes organizaciones políticas conformadas por jóvenes, se movilizaron para protestar durante la Convención Nacional Demócrata en Chicago.

La manifestación se complicó y ellos fueron detenidos por, supuestamente, haber sido los organizadores de la revuelta que terminó con un enfrentamiento entre los jóvenes y la policía.

La película, que es de esos clásicos films bien yankees de juicios en el que se van mostrando los eventos a medida que se cuentan los alegatos, es increíble. La manera en la que todo está orquestado para que los acusados sean encontrados culpables parece tan, pero tan tirado de los pelos que no lo creeríamos si no se hubiese tratado de un caso real. Es la desaparición constante de la ley en contra de las personas en el país de la libertad.

Si querés ver una buena, muy buena peli, y, como yo, todavía no habías visto The Trial of the Chicago 7, yo digo que ya tenés plan para el domingo.

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3. La felicidad es un horizonte despejado

No vi nada de Hitchcock. Pero nada de nada. Mis dos amigos que estudiaron cine me putean cada vez que les recuerdo eso y me listan los dos o tres films que debería ver sí o sí del director inglés.

Por ahora sigo en mi camino de ignorancia hitchcockiana, pero eso no significa que no me haya emocionado muchísimo cuando me crucé con un video del artista donde habla de lo que considera que es la felicidad.

En una entrevista, un periodista le pregunta cuál es su definición de felicidad. Esta fue su preciosa y poética respuesta:

Un horizonte despejado. Nada de lo que preocuparse. Solo cosas que son creativas y que no destruyen.

No puedo soportar las peleas, no puedo soportar los malos sentimientos entre las personas. Creo que el odio es energía desperdiciada. Todo eso es algo improductivo.

Soy muy sensible. Una palabra cortante, pronunciada por una persona enojada y cercana, me duele durante días.

Sé que solo somos humanos y que viajamos por estas diversas emociones, emociones negativas. Pero cuando se eliminan todas estas cosas y se puede mirar hacia adelante y, cuando ves el camino despejado, sabés que vas a crear algo.

Creo que eso es todo lo feliz que quisiera ser.
QUOTE

"El hecho de que todos en el mundo sueñen todas las noches une a la humanidad".

— Jack Kerouac

Otros enlaces

  1. ¿Qué aprendió el staff de The Verge después de dos años de home office? Hay un consejo, que da uno de los editores del sitio, que es algo que yo tomo casi religiosamente: obligarme a salir de casa en algún momento. Si no lo hago, puedo pasar literalmente todo el día delante de la computadora –primero trabajando y después boludeando– y termino quemado. Los días que no voy al gimnasio o salgo a caminar o me voy a sentarme en una cafetería a leer.
  2. Una señora mayor y un empleado de una frutería tienen duelos cada vez que se ven. Si esto no te saca una sonrisa, fíjate de verdad si en algún momento de tu vida no perdiste el corazón en el camino.
  3. Los soldados alemanes pueden desobedecer cualquier orden de un superior que consideren inhumana o que sea ilegal. En la mayoría de los países esta desobediencia se paga con cárcel.
  4. Cameron Askin se propuso hacer una página que recopilara archivos de GeoCities (si no sabés lo que es, sos muy joven, pero Google te ayudará). El resultado, que llamó Cameron’s World, es un viaje en el tiempo a los 90s.
  5. Las personas que hacen escalada en solitario libre me parecen seres superiores.
  6. Bizarrap publicó un video del proceso de grabación de la Session con Quevedo que terminó convirtiéndose en el tema más escuchado durante tres semanas en Spotify. Este pibe es dios.
  7. ¿Por qué nuestras mentes anhelan lo sobrenatural?
  8. Amo la reacción de Shakira al ver por primera vez un celular con cámara.
  9. Abrieron un gym para perros. Pensé que se llamaban plazas, pero como no soy perro mejor no opino.
  10. Esta foto no está photoshopeada, aunque parezca. Es un tigre que salió de un bañito de barro.
POEMA DE LA SEMANA


Lo imprevisto

Señor, nunca me des lo que te pida.
Me encanta lo imprevisto, lo que baja
de tus rubias estrellas, que la vida
me presente de golpe la baraja
contra la que he de jugar.

Quiero el asombro
de ir silencioso por mi calle oscura,
sentir que me golpean en el hombro,
volverme, y ver la faz de la aventura.

Quiero ignorar en dónde y de qué modo
encontraré la muerte. Sorprendida,
sepa el alma, a la vuelta de un recodo,
que un paso atrás se le quedo la vida.

– Conrado Nalé Roxlo

Outro

Hola, ser del bien, ¿cómo va todo? Yo despertando de una siesta de esas en las que dormiste tan profundamente que no entendés ni qué día es.

Es que al mediodía fuimos a comer con Annie y Victor, amigos de Maca, a Café San Juan. Es una especie de cantina medio famosa que puso hace años Lele Cristóbal, un chef que quizás te cruzaste por TikTok o Instagram que está lleno de tatuajes y tiene más onda de skater que de chef.

Dato de color: el hermano de Lele, que se llama Luchi y a quien conozco desde chico, es skater profesional. Lele también anduvo toda la vida. De ahí su onda alternativa.

Volvamos a Café San Juan. Me comí una lasagna de ragú de salchicha italiana, tomate, muzzarella con ensalada de pickles de hijono y hojas de albahaca y unos vermús. Todo estaba increíble.

Como el día estaba lindo decidimos ir en bicicleta. La ida fue preciosa y la vuelta, cuando estábamos super llenos, un poco más lenta, pero sirvió para asentar la comida.

Ahora planeo no salir de la cama hasta que me vaya a duchar para ir a cenar con una amiga. El plan es comer alta pizza y tomar vinito. Si me preguntas, casi todos los planes perfectos en mi cabeza incluyen amigos, pizza y vino, así que estimo que nada puede salir mal si los junto a los tres.

Estoy por terminar el segundo libro de Kristof (cuando escribí la reseña que leíste más arriba hablaba sobre empezarlo en futuro porque cuando la escribí no lo había arrancado). Si te pareció interesante lo que te comenté sobre El gran cuaderno, deberías ir para adelante porque la segunda parte de la trilogía también está buenísima. Quizás no tanto como la primera, pero sí es muy interesante. Imagino que para la semana que viene ya lo voy a terminar, así que te contaré más en la próxima edición.

Mañana planeo ir para la FED, la Feria de Editores. Me encanta porque es un evento muy masivo en el que las editoriales más interesantes del país muestran sus catálogos. Seguro me traigo algunas joyitas. La semana que viene te cuento.

Bueno, voy a seguir dando vueltas en la cama. Si querés, ya sabés que podés colaborar con observando mensualmente, comprándome un cafecito o recomendándolo en tus redes. Quién te dice y quizás alguien que te sigue puede también disfrutarlo.

Gracias por leer. No te das una idea lo feliz que me hace que estés del otro lado.

Te mando un abrazo,

Axel

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