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Por Axel Marazzi


Canción de la semana: Plug del Sur – Lisandro Aristimuño

1. El arte en repetición y su padre pop

Hay dos tipos de personas: quienes aman el arte de Andy Warhol y quienes no solo lo odian, sino que consideran que lo que hizo no es arte. Esto, en sí mismo, es extremadamente llamativo. No hay prácticamente ninguna persona en el mundo que no sepa, al ver la pintura de Marilyn Monroe o las de las sopas, que son de él. Su arte no solo está en todos lados hasta el día de hoy sino que marcó todo el arte que vino después. Sus colores estridentes, los objetos cotidianos como una Coca-Cola o una banana llevaron a que el arte pop pueda ser encontrado hasta debajo de una piedra.

Andrew Warhola nació en 1928 en Pittsburgh en el seno de una familia de inmigrantes eslovacos y creció durante la Gran Depresión de los años 30. Su arte es literalmente una contraposición de esos días en los que su familia no tenía ni para comer y donde la suciedad por las fábricas de acero y la contaminación eran lo convencional. Y cuando digo que no tenían para comer me refiero a una pobreza en la que la madre muchas veces hacía sopa de agua y ketchup. De esa época, en una entrevista, dijo que su casa fue el lugar más terrible en el que estuvo.

A los 8 años sufrió un desorden neurológico llamado Corea de Sydenham que no solo no le permitió ir a la escuela por un año sino que también lo dejó con la piel en mal estado y el pelo fino que siempre lo caracterizó. Desde ese momento de reclusión se convirtió en alguien increíblemente vergonzoso y, aunque no lo pareciera, nunca logró superar completamente ese sentimiento.

Pero si hay cosas buenas que puedan salir de una enfermedad, para Andy fue la manera en la que lo entretuvo su madre, que le llevaba películas, revistas, cómics, libros para colorear y objetos que se alejaban por completo de su realidad que, de una manera muy fuerte y profunda, lo marcaron y, obviamente, marcaron de una manera brutal su obra. Otra de las cosas que marcó a fuego su arte fue que, mientras crecía, una de sus pocas salidas que hacía era a la iglesia.

Andy se crió yendo a parroquias con su madre y viendo esos paneles brillosos con fondos de oro de las imágenes religiosas. Para entender obras como la de Marilyn o la de Michael Jackson solo hay que unir estos aspectos de su vida. Alejó su arte lo más que pudo de la sociedad en la que creció y creó un mundo opuesto: colores vibrantes, cine, música y repetición.

Se mudó a New York en el ’49 con 21 años y si bien no la pegó rápidamente como artista, sí le fue muy bien en el mundo de la comunicación, el marketing y la ilustración comercial. Para sus 27 ya estaba haciendo más de u$s 100.000 anuales. Si eso te parece mucho para la actualidad –que lo es, de hecho– en Estados Unidos en los 50s era una locura. Pero si bien no le faltaba dinero, lo que sí le faltaba era pegarla como artista, su gran sueño.

El momento en el que su suerte empezó a cambiar fue cuando empezó a pasar mucho tiempo en el café Serendipity. Fue el dueño del bar, Stephen Bruce, quien se dio cuenta del potencial de Andy y quien le dijo que hiciera una exposición de sus pinturas en el bar. Expuso los dibujos que le rechazaban en las revistas para las que trabajaba. Así es como vendió su primera obra.

Andy siempre fue un fanático de la sociedad de consumo. La New York de los 50s era completamente diferente a la Pittsburgh de los 30s. Moda, autos, música, bares y supermercados repletos de productos a los que todos podían acceder. Eso lo deslumbraba. Obsesionado con el capitalismo y entendiendo que durante toda la historia los artistas habían pintado objetos cotidianos como canastos con frutas o flores, decidió hacer lo mismo con las latas de sopa Campbell’s. Así es como nació Campbell’s Soup Cans, 32 diferentes pinturas que terminaron en el museo de arte moderno más importante de New York.

Hay una frase de Andy sobre la Coca-Cola que explica perfectamente la manera de pensar y su obsesión con este tipo de productos:

Lo bueno de este país es que comenzó la tradición que los consumidores más ricos compren las mismas cosas que los más pobres. Podés mirar televisión y ver una Coca-Cola, y saber que el presidente toma Coca-Cola, que Liz Taylor toma Coca-Cola, y que vos también podés tomar Coca-Cola. Una Coca-Cola es una Coca-Cola y ninguna cantidad de dinero puede darte una Coca-Cola mejor que la que toma el vagabundo de la esquina. Todas las Coca-Colas son iguales y todas las Coca-Colas son buenas. Liz Taylor lo sabe, el presidente lo sabe, el vagabundo lo sabe y vos lo sabés.

Después de haber hecho Campbell’s Soup Cans Andy se convirtió en una revolución. Una revolución compleja y, como todas, con defensores y detractores. Hay muchísimas personas que dicen actualmente que poner una lata de una marca de gaseosa en un museo y decir que es arte no lo convierte en arte (¿Vos vas a decir qué es arte y qué no, Roberto?). Imaginen esto si lo extrapolamos al mundo de los 60s donde el concepto de arte era todavía mucho más reducido que en la actualidad.

Y como perseguía en sus obras el consumismo, no como crítica sino como una manera de poder enaltecerlo, llevó la manera de producción del capitalismo a su arte. A su estudio no le decía estudio, sino “La Fábrica” y se alejó casi completamente de la creación de sus obras pasando a usar un proceso industrial llamado silk screen, que más tarde terminaría convirtiéndose en su marca. Esta técnica le permitía imprimir sus obras en repetición y rápidamente. Como muchos de los objetos que pintaba, sus obras se convirtieron también en parte de la maquinaria capitalista.

Las ramas de Warhol son tantas que sorprenderían a cualquiera. Él creó, de alguna manera, los shows de música como los conocemos en la actualidad desde que decidió producir The Velvet Underground. Las bandas de la época tenían, en su mayoría, la onda y el estilo de The Beatles. Pibitos de traje muy bien arreglados y sin demasiada performance. Pero desde que The Velvet Underground nació las cosas cambiaron y esa agrupación y tipo de shows que había ideado Andy llevaron a artistas como Bowie a inspirarse profundamente. No por nada más tarde Ziggy Stardust terminó homenajeándolo en su tema Andy Warhol. Algunos dicen, y sé que esto puede generar controversia pero para qué es el arte si no para inspirar y controvertir, que The Velvet Underground fue tan influyente como The Beatles.

La peor etapa de Warhol es en mi opinión la de los 70s y 80s. Fue después que le pegaron un tiro y casi lo matan. Eso cambió profundamente la personalidad de Andy, quien empezó a dedicarse a hacer la mayor cantidad de dinero posible. Empezó a hacer en comerciales de TV siendo él el protagonista, a aparecer en fiestas con la intención única de mostrarse, se unió a una agencia de modelos y comenzó a hacer pinturas de famosos a pedido. Hasta lanzó una revista llamada Interview de chimentos que fue la precursora de todas las que vinieron después –hasta en eso marcó el camino–.

El legado de Andy Warhol es sin lugar a dudas único. Logró, no solo a través de su arte sino de trucos y estrategias del mundo del advertising, dejarnos una obra que se mantiene tan viva en la actualidad. Hoy todos estamos creando una marca de nosotros mismos todo el tiempo a través de plataformas como Instagram o Twitter. Por más que pienses que no, la realidad es que lo estás haciendo. Algunos de una manera mucho más consciente que otros, pero no significa que alguien pueda escapar de eso. Y eso es justamente lo que hizo Andy tan bien hace tantos años. Vio, de alguna manera, lo que hacía falta para poder cumplir su sueño y lo erigió a medida como nadie más lo hizo en la historia del arte.

El momento más importante de su carrera es cuando se dio cuenta de esto: para poder tener el éxito que quería tener, para poder convertirse en un icono, tenía que volverse en una de sus obras. Andy, como alguien experto en marketing y comunicación, de un día para el otro se puso su traje de Andy Warhol. Y fue cuando se puso ese traje, que nunca más se sacó, que terminó logrando su cometido.

De hecho, si vemos entrevistas donde lo podemos escuchar hablar y moverse, se nota a kilómetros que es un personaje. Está clarísimo que detrás de sus actitudes hay una actuación pensada detenidamente. Y no era solo desde el punto de vista de su personalidad, sino también desde el punto de vista de la manera de vestirse, de usar pelucas, de relacionarse con las personalidades de la época. No por nada muchos expertos –y coincido sin serlo en absoluto– dicen que la mejor obra de arte que hizo Andy Warhol fue Andy Warhol.

¿Quién puede negar que no hay arte en una persona que logró poner en foco la sobresaturación de los medios que se vivía no solo en los 50s, sino que todavía se vive hasta hoy? ¿Quién puede negar que alguien que agarra una lata de sopa y la imprime en repetición poniendo en debate la naturaleza misma del arte no es un artista? ¿Quién puede negar que una persona que influenció a todas las generaciones venideras de artistas, desde pintores hasta ilustradores o músicos, no es artista? ¿Quién puede negar que la persona que sacó al arte de las galerías llevándolo al mundo real no es un artista? Él no solo logró crear algunas de las obras contemporáneas más interesantes, sino que logró convertirse en una obra en sí misma. Eso, sin duda, define nuestros tiempos.
 

2. Camila Sosa Villada y su lucha desde la ficción

Las malas, de Camila Sosa Villada, es uno de los libros más interesantes que leí en 2019. Con una prosa preciosa y profundamente poética, la autora cuenta la sufrida vida de las travestis en Córdoba, pero que se aplica a prácticamente cada rincón del mundo. Es un libro único y desgarrador que muestra un mundo que para la mayoría es desconocido con protagonistas como la policía golpeándolas, el VIH, la noche, el alcohol y drogas, amigas que dan la vida por la otra y una sociedad que no solo las ignora por completo, sino que las discrimina de una manera desgarradora. Un libro que realmente nos abre los ojos, que duele y que cuenta una historia intensa y penetrante.

Pero no venía a hablar del libro, sino de una entrevista que le hicieron a Camila en El País con la excusa de la publicación de Las Malas en España. En el texto, que escribió la periodista Georgina Zerega, la escritora habla sobre la muerte y sobre el odio y deja algunas frases que realmente duelen:

“Ellas son tan dignas, tan lúcidas, que van hasta el final y terminan todas muertas. Aman tanto la vida, que saben que si no es digna, es mejor perderla”. La persecución que orquesta una ciudad sumamente conservadora -“tiene una iglesia en cada cuadra”- hacia ellas, las lleva a encerrarse, a ocultarse, a suicidarse. “Eso ya no lo hacemos. Ya no nos escondemos, sabemos que si tenemos que perder la vida peleando, la perdemos”, asegura. “La lucha de las travestis latinoamericanas no es solo por la vida, es por una vida que sea digna de ser vivida”.

Y si bien el libro transcurre en el 2000 y muchas cosas cambiaron en el país y en el mundo, todavía hay mucho por hacer:

“Las travestis tenemos que poder dejar de estar confinadas a la esquina, al departamento oscuro. ¡Que nos amen a plena luz del día! Que reconozcan que nos aman. No queremos que nos eduquen, nos golpeen o nos maten, lo que queremos es que nos deseen, porque estamos privadas a la imaginación de las personas. Si existiera una revolución travesti sería en el campo del deseo”.

La entrevista es una joya en sí misma y deberían leerla entera.
 

3. Dieter Rams

Muchas veces en observando escribí sobre Dieter Rams que podría tranquilamente catalogarse como uno de los padres del minimalismo y el diseñador más importante en lo que respecta a productos de consumo masivo que existe en el mundo. Fue gracias a él que Braun se convirtió en el emporio que es hoy.

Rams fabricó afeitadoras, bandejas de vinilo, radios, encendedores, sillones, cafeteras, relojes y prácticamente lo que imaginemos que tenga relación, de alguna manera, con el hogar. Y sus creaciones marcaron el mundo de maneras que muchos ni siquiera imaginan. Jony Ive, por ejemplo, el gran diseñador que creó junto a Steve Jobs los productos más importantes de Apple de las últimas décadas, es fanático de Rams. Es entendible, entonces, por qué el minimalismo prima en las creaciones de Apple. Después de todo, el minimalismo es una de las reglas que tiene Rams a la hora de crear sus productos. Pero esa no es la única. El diseñador tiene 10 principios entre los que se destacan el diseño innovador, lo estético, lo comprensible –al punto que sus creaciones venían sin manuales porque él consideraba que los consumidores tenían que entender los productos sin necesidad de que nada ni nadie les enseñe a usarlos–, la honestidad, el cuidado del medio ambiente y la durabilidad, entre varios otros.

Decidí escribir otra vez un poco sobre Rams porque esta semana me pasaron muchos contenidos relacionados a él. Primero un sitio creado por el diseñador Arun Venkatesan que decidió hacer wallpapers a partir de los productos más famosos diseñados por él. Segundo porque quería aprovechar otra vez para recomendar el documental que hizo Gary Hustwit y que reseñé en este observando y, finalmente, porque le hicieron una entrevista a Hustwit para la espectacular revista Wallpaper* que vale muchísimo la pena leer porque se mete de lleno en lo que fue la creación del documental, desde por qué decidió hacerlo, pasando por cómo es la vida de Dieter o sus ideas actuales hasta cómo es su hogar.

Por cierto, su mesa para vinilos, llamada SK 61, hecha a base de madera y aluminio, diseñada por él y Hans Gugelot en 1961, es probablemente el producto de diseño de mis sueños. Lástima que sale fortuna.

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4. ¿Y si no arreglamos la economía?

La pandemia rompió la economía. De hecho para quienes todavía miren noticieros lo sabrán perfectamente. Es de lo único que se habla hace meses. Eso y coronavirus. Quienes están en contra del aislamiento social obligatorio, en general, lo están porque o son idiotas que creen locuras como que las antenas de 5G transmiten la enfermedad o porque consideran que la economía es más importante que las vidas. Como el gobernador de Texas, Dan Patrick, que dijo que la economía debe ser salvada, incluso si eso significaba que las personas mayores arriesguen sus vidas para hacerlo. En fin, gente que no.

La cosa es que la periodista de VICE Shayla Love publicó un artículo muy interesante que habla del movimiento degrowth, que apela a no arreglar la economía sino a que cambiemos la sociedad y nos convirtamos en una que trabaje menos, consuma menos y haga menos. ¿La intención? Lograr reducir las emisiones de carbono y, de alguna manera, ayudar a que el mundo se recupere de cómo lo venimos haciendo mierda hace décadas.

Las emisiones cayeron más de 1.000 millones de toneladas en los primeros cuatro meses de 2020 si lo comparamos con 2019. Esto está cerca de la reducción de emisiones que se necesitan para cumplir con los objetivos del acuerdo climático de París de 2015 y evitar que el planeta se caliente entre 1.5 y 2°C. Puede parecer poco, pero esto tendría consecuencias devastadoras.

The pandemic is teaching us that carbon emission reduction is possible. A pandemic is not the best way to approach the climate crisis, of course, but it shows the power of collective action. After all, the point of the lockdown was to stop the spread of a virus, not to reduce emissions.

“Suddenly this virus comes along and it’s clear there is an emergency brake and it can be pulled relatively easily,” Hickel said. “The government can, in fact, slow down parts of the economy for the sake of protecting public health and human wellbeing. In a way, the curtain has been pulled back and the Wizard of Oz exposed. We can imagine ways of pulling it that are ecologically meaningful and socially safe. Cognitive seals have really been broken.”

Porque el virus se va a ir y de esta pandemia nos vamos a sobreponer, pero vamos a seguir teniendo este planeta solo –al menos por ahora– y si seguimos cagándonos en él vamos a terminar muy mal.
 

5. Alicia Keys: NPR Music Tiny Desk Concert

Hace unos días hablaba con alguien que quiero mucho que me decía que, a diferencia de la mayoría de las personas que ella conocía, no solo suelo escuchar música sino que suelo verla. Y es un poco verdad, sin intención de hacerme el snob. Una de las actividades que más me gusta es poner recitales en vivo o pequeños lives, como los que hacen los chicos de La Blogothèque que empezó Vincent Moon hace años, los Tiny Desk o COLORS, y no solo escuchar los temas sino ver lo que hacen los artistas.

Digo esto porque esta semana salió un Tiny Desk de Alicia Keys que me dejó detonado. Tocó solo cuatro canciones y el live dura casi media hora, pero tiene tanta energía que pareciera que durara horas. No solo porque ella logra que los temas te penetren, sino porque además cuenta anécdotas de su vida, charla con el público, les pide que canten y todo de una manera tan dulce, empática y feliz que te hace sentir que estás ahí.

No importa si no te gusta demasiado la música que hace o si no la sentís cercana, mirá ese vivo porque es de otro planeta. Uno de los mejores que vi y eso que entre ellos están el de Mac Miller, Tom Misch o Beirut, que son bandas que amo profundamente.

 

6. Never Too Small

La semana pasada escribí sobre Casa Chaucha, un sitio que le da importancia al diseño de interiores que considero sincero y real y no el que vemos en las revistas. Varias personas me comentaron que les pareció precioso, pero Sabri fue un poco más allá y me compartió un canal de YouTube con el que me obsesioné durante toda la semana.

Se llama Never Too Small y se centra, como lo pueden imaginar por su nombre, en departamentos chicos –hay uno de 35 metros cuadrados y otro de 24 que no puedo creer lo lindo que son– pero que aprovechan su espacio al máximo.

Son casas de sueños perfectamente pensadas y donde, en su mayoría, hay cajones escondidos, mesas que se convierten en escritorios de trabajo, espejos para hacer los espacios más grandes y siempre todo creado con un gusto excepcional. No solo eso, sino que los videos son editados entrevistando a las personas que los diseñaron y que cuentan la historia detrás y la intención que tuvieron a la hora de convertir un espacio que en algunos casos imaginaríamos como inhabitables de lo chico que son en departamentos envidiables y preciosos.
 

7. Un buscador sin publicidad ni tracking

Quizás no lo tengas de nombre, pero Sridhar Ramaswamy fue la cabeza, en su momento, del brazo publicitario de Google. Y no sé si sabés, pero ese brazo dentro de la empresa es el más importante a nivel guita de todos. De hecho maneja u$s 115.000 millones. Pero después de 15 años dentro de la compañía, simplemente se pudrió. Según él la necesidad de generar más ingresos constantemente venía de la mano de un costo para los usuarios. Los resultados de sus búsquedas, en su momento intocables para la empresa, empezaron a quedar relegados, a aparecer más abajo y dejados de lado para que primero apareciera la publicidad. Dice que el momento en el que decidió tomarse el palo fue en 2017 cuando vio que en YouTube, en videos para chicos, aparecían anuncios de bancos y empresas como Amazon o eBay. Welcome to America, Sridhar, this is called capitalismo papi.

Así es como nace Neeva, un buscador que no mostrará anuncios de ningún tipo y no recolectará ni se beneficiará de la información privada de sus usuarios. ¿Cómo se volverá rentable? Cobrando una suscripción. Está claro que se trata de un servicio de nicho, que nunca en la historia podría competir con Google, que tiene el 90% del mercado de las búsquedas. Pero así como Protonmail, probablemente el servicio de mail más seguro que hay dando vueltas, logró generar una base de usuarios muy decente que se preocupa por su privacidad y seguridad y paga por un correo, quizás Neeva pueda convertirse en la versión buscador de este tipo de productos.

 

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  1. La semana pasada pedí encarecidamente que leyeran un poema de Marina Colasanti. Parece joda, pero el dueño del blog al que enlacé lo puso en privado, así que recibí unos 4331 mails, todos con absoluta razón, puteándome porque no pudieron leerlo. Acá les dejo un link que sí funciona.
  2. ¿Qué hacer cuando tus compañeros de trabajo son unos panchos? No vayas por la vida presumiendo tus privilegios, no sabés qué están atravesando las personas que tenés alrededor, no seas uno de los panchos de los que habla este artículo que enlazo.
  3. Está claro que la pandemia que estamos atravesando es el resultado del modelo de apropiación de la naturaleza que venimos llevando adelante los humanos hace años. Después de todo, estamos avanzando sobre ecosistemas donde nunca habíamos estado y eso está trayendo alguna que otra complicación –es ironía estamos rompiendo todo–. Acá un texto desarrollado por un grupo de investigadores miembros CONICET y de la Universidad Nacional de Córdoba donde hablan de un escenario ideal para que este tipo de cosas no vuelvan a ocurrir cuando salgamos de la pandemia y juntan firmas para que le den bola.
  4. Interesante artículo en Xataka donde explican cuál es la diferencia entre unos auriculares que salen u$s 400 y unos de u$s 5.
  5. Una locura de precioso diseño y por lo zarpado que era el Imperio Romano: la red de carreteras del imperio ilustradas como un mapa de subte

Autobombo

 

FUTURO

Como todos los viernes, salió nueva edición de FUTURO. Abrí con la trolleada preciosa que le hicieron tiktokers y k-popers a Trump, entrevisté a Eduardo Juan Bruchou, country manager de Digital House Argentina, escribí sobre un grupo de militares de elite secreto de Sergey Brin que ayuda durante catástrofes naturales (locura total), recomendé un servicio para poder “viajar” sin moverse de casa y algunas cositas más. Lo pueden leer y suscribirse acá. Y compartan porque saben que ponerse la gorra no va.
 

+ Idea Millonaria

Esta semana salió un nuevo episodio de Idea Millonaria pero que se trata de un bonus. Básicamente estamos preparando algo más copado para el season finale de la semana que viene y estamos esperando a que me termine de mudar. La cosa es que el bonus tiene algunos de los mejores momentos de la cuarta temporada. Si no escuchaste nunca el podcast creo que este es un buen momento para entrarle y ver si te cabe lo que hacemos. Y si lo escuchás, creo que te va a hacer reír mucho porque, nada, qué podés esperar de los mejores momentos.
 

A coin for the beer?

La semana pasada un montón de personas me regalaron cafecitos a través de Cafecito, una página a través de la cual se puede donar guita a proyectos independientes por una única vez. Si te pinta hacerlo, you know what to do. Y si te pinta suscribirte para aportar mensualmente a observando, también podés hacerlo aunque vivas en el Congo. ¿Cómo? ¿Dónde? Acá.

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